LA PERINOLA

Lo público y lo privado

Es una enorme torpeza que en nombre de la “frescura” o la “autenticidad” algún funcionario se despoje de las formas que debe imponer la sensatez. Lejos de ser baladí, este protocolo es esencial para la democracia porque impone seriedad, uniformidad, respeto y profesionalismo a sus actores principales, los oficiales del aparato de estado. Si no me cree, observe lo que sucede con los mercados cuando a alguno de los que manda le da por proferir o realizar absurdidades. No es de extrañar, el mercado es el termómetro que nos alerta cuando se ha roto, así fuera mínimamente, la estabilidad social que debería procurar a rajatabla la administración pública.

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