PALABROS

Rescatando a la revelación en el filosofar

Todo es revelación, todo lo sería de ser acogido en estado naciente”

María Zambrano

Leer: “Ha sido una especie de imperativo de la filosofía, desde su origen mismo, el presentarse sola, prescindiendo de todo en cuanto en verdad ha necesitado para ser” (María Zambrano, Notas de un método), entre lo que comúnmente se lee en la actualidad pareciera a simple vista un argumento base que podría esconder un contragolpe que pondere después la supremacía de la filosofía como madre y base de toda ciencia humana. O tal vez pudiera leerse como el primer eslabón de una cadena argumentativa que tendenciosamente nos quisiera llevar a aceptar sin remedio alguno que la filosofía fue, es y será independiente de todo quehacer y logro humano en cuanto a su conocimiento y relación con el mundo. Sin embargo no, debajo de esta afirmación no se esconde doblez, al contrario, es la convicción primera de la actitud equivocada que la filosofía, o más bien, que los que han hecho filosofía han tomado alejándose del sentido primigenio y originario de esta. La filosofía nace para ayudar a nacer al hombre en el entorno. Nacer completo, nacer para ser, y siendo, ser parte de este entorno.

Zambrano, quien convencida de la dolorosa ruptura entre la filosofía y la vida debido a la herida aún incurable de la razón por motivo del despojo de las demás potencias humanas como el sentir, el soñar, el intuir y el amar, trazó su línea de pensamiento en la apuesta perseverante de la reconciliación de estas, que no es una propuesta nueva, sino una vuelta y retorno, un re-conciliar, o sea un volver a enlazar.

La revelación

En la destacada obra Los bienaventurados publicada por primera vez como tal en 1990,  la filósofa española se lamenta de la exclusión que desde tiempos memorables se ha hecho de la revelación en el ejercicio filosófico. Apunta que el término “revelación” fue raptado por lo religioso y delimitado por la teología, áreas que la habían sujetado a su servicio e imposibilitado su expansión y desarrollo en otras áreas humanas. Esta dolorosa exclusividad la expresa diciendo:

“Ha estado confinada la revelación a lo específicamente religioso; y como sobre ella o cerca de ella siglo tras siglo se ha edificado una teología en simbiosis con una determinada filosofía, lo que no era ella quedaba arrojado al ‘brazo secular’ de la dialéctica, del análisis, en suma de los métodos disponibles por la razón en un cierto momento histórico”.

María Zambrano, Los bienaventurados.
María Zambrano en su ventana redonda.
Casa de Piazza del popolo en Roma.
Fotografía Fundación ‘María Zambrano’, Vélez-Málaga.

De este modo, que por no poseer la rigurosidad del positivismo que había llevado al pensar humano –como a algunas áreas teológicas- a andar otros caminos, había sido desechada junto con otras formas antiguas de conocimiento, buscando esta cabida en campos “no científicos” o al servicio de la especulación y del folclor.

La revelación como descubrimiento del ser

Partiendo del conocimiento del término proveniente del latín: revelatio-onis (re-hacia atrás, velum-velo, tion-onis-acción o efecto), Zambrano destaca positivamente que su ejercicio no ha quedado del todo olvidado en el tiempo y que “afortunadamente las investigaciones de otras historias, de otras culturas vivientes o sepultadas por el tiempo, la arqueología misma, la filosofía, la historia de las religiones sobre todo, ofrecen conocimientos y más aún atisbos, vislumbres entre visiones no reductibles al análisis, revelaciones, pues”, concluye.

Ante esta realidad, por una parte excluyente de la revelación como forma posibilitadora de conocimiento y por otra, de su leve (pero valorada) presencia aún en algunas áreas humanas, la filósofa veleña plantea la necesidad apremiante de todo el occidente por rehacer una epistemología que incluya a la revelación como elemento importante o incluso  el trazar una nueva teoría del conocimiento sobre esta, entendida como intuición.  Sentencia de manera implacable:

Una teoría del conocimiento de la revelación se hace cada día más necesaria y no se deja de echar de menos en la “nueva teología”, de la que parecen existir pocas noticias de que haya emprendido esta tarea indispensable, si es que en las Iglesias se quiere salvar la existencia de la revelación, a no ser que, a imagen y semejanza de la mente occidental declarada en crisis o en bancarrota, no se haya renunciado a ella con un disimulado vade retro.

La ironía de Zambrano posee ese sabor rescatista y propositivo. Viene a proponer, como ya apuntamos, el entender la revelación como intuición, como una posibilidad del ser para conocer (sujeto) y ser conocido (objeto). Esta forma de intuir, es en Zambrano, la noción primera del conocimiento, una especie de primer acercamiento que no sabemos de dónde surge, de estas revelaciones nos dice en la misma obra Los bienaventurados: “saltan por sí mismas en el recinto de la razón occidental. Siguen estando encerradas dentro de las categorías vigentes: situación, circunstancia…, y todas ellas bajo la categoría suprema de lo explicable —y si se trata de una humana vida, de lo justificable—. Toda revelación ha de justificarse, ha de probar su derecho de ciudadanía”. Con lo que deja en claro su distancia de aquella Revelación “positiva” o teológica que viene por ella situada en un nivel superior de revelación y que implica la fe, este tipo de revelación de la que siempre se mostró respetuosa siendo coherente con su manifiesto ser de católica hasta el final de sus días.

Necesidad actual de su rescate

Hoy en día, no solo estamos emergentes de un replanteamiento de nuestras teorías del conocimiento, sino también de un incluir de forma más consciente y sistemática esta noción de revelación. Tanto en las aulas como en las iglesias, mostrar más respeto y atención por aquellos que se muestran más intuitivos y prescindentes de las categorías racionales y científicas que han tomado tanto terreno en nuestros ambientes de la vida cotidiana, pues este sentir originario al menos alguna vez se ha hecho presente en nuestras vidas más por ignorancia no le hemos prestado la merecida atención.

Es la propuesta de María Zambrano, como su filosofía toda; un ir “más allá” de los reinantes parámetros lógicos y positivistas de nuestra sociedad actual.  Es un aventurarse en las oscuridades de nuestro ser sin certezas ni deducciones seguras. Nos hace falta tanto el relacionarnos con nuestro entorno más con una actitud de encuentro que de dominio, con el otro más que como posible enemigo, uno que me asemeja y en su misterio la posibilidad de encontrarme yo mismo.

Necesitamos leer nuestra actualidad social más que como una desgracia anunciada, como un descubrir nuestra búsqueda como ser colectivo, también ansioso de saber qué es mediante lo que está llamado a ser. La filosofía como las demás áreas humanas, debe ser humilde y siempre un servicio, jamás una regla suprema a sujetarse, sino más bien guía y oportunidad de desvelamiento de nuestro ser; tanto personal como comunitario, así como lo dejó escrito en Notas de un método, cuando en sus primeras letras quita toda soberbia posible de su parte y de sus posteriores lectores:

“Estas notas de un método no son anotaciones, sino notas en sentido musical, lo cual impone, más que justifica la discontinuidad”.

María Zambrano

La filosofía servida de la revelación debe ser eso: guía y método en la búsqueda de nuestro ser.

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