Opinión

El maniqueísmo político de López Obrador

El periodista Jorge Ramos confrontó al Presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia mañanera del viernes 12 de abril usando datos duros de su mismo gobierno y sus propios dichos. Abordó la violencia que vivimos en México y la libertad de expresión tras el acoso del Presidente al periódico Reforma.

Fue evidente que el López Obrador, a pesar de todas las juntas de seguridad que preside cada día, no fue capaz de sintetizar y exponer con claridad la cantidad de asesinatos que se registran en el país y, por si fuera poco, rechazó su aumento en el primer trimestre de 2019, como se lo mostró Ramos.

Además, se negó a desistir en su embestida contra Reforma, amparándose en un peculiar modo de entender el derecho de réplica, que en realidad es una forma de descalificar a quien no piense como él y alabe sus acciones de gobierno, como estilaba el PRI hace 50 años.

Cuando argumentaba, López Obrador afirmó que prefería dejar de lado las identidades políticas actuales, algunas de ellas promovidas por él mismo, como las nociones de izquierda y derecha o la de neoliberalismo.

“Ya no hablemos de capitalismo, socialismo, de fascismo, de neoliberalismo, hablemos de que siempre ha habido dos posturas, dos corrientes de pensamiento: el pensamiento conservador y el pensamiento liberal, no hablemos de derecha o de izquierda; hay en México un partido, no formal, real, que es el partido conservador, y existe afortunadamente, un partido liberal, entonces, los del Reforma y otros grupos, con todo su derecho, pertenecen al partido conservador, en apariencia se presentan como liberales, pero no lo son”, dijo el Presidente.

Así, de un jalón, López Obrador desaparece la pluralidad de ideas políticas y lo encasilla todo en dos polos.

Para el Presidente, el espectro político es binario, maniqueo, simple: liberales y conservadores, blanco y negro, buenos y malos. Su postura no deja lugar a los matices, como tampoco deja espacios abiertos al disenso, aunque cínicamente afirme que los tolera y promueve; al final del día, todo se reduce al “estás conmigo o estás contra mí” o al “estar del lado correcto (o incorrecto) de la historia”.

No puedo dejar de pensar en las palabras de Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, cuando afirmaba que mucho pensamiento y poca observación llevan al error y mucha observación y poco razonamiento llevan a la verdad. 

Nadie niega que López Obrador piense en la realidad política de México, lo cual ha hecho en sus libros; lo que preocupa es su falta de realismo, su poca disposición a reconocer todos los factores de la compleja realidad social que vivimos al privilegiar su estilo de pensamiento del siglo XIX sobre los hechos del presente.

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