Este diciembre la revista Nexos publicó una serie de 10 artículos bajo el título general de ¿Qué (no) hacer? Lecciones de los gobiernos latinoamericanos de izquierda, que ubican con precisión los principales errores que han llevado a la ruina a estos gobiernos en las décadas recientes y hacen una advertencia implícita pero muy clara al nuevo gobierno de México para que trate de evitarlos. Cabe mencionar que los autores de estos artículos todos fueron o son militantes activos de la izquierda latinoamericana.

Lo importante de que López Obrador y sus asesores tomen muy en serio este ejercicio autocrítico de la izquierda latinoamericana es que muchos de esos errores ya los están empezando a cometer.

El caso argentino resulta especialmente útil porque se trata de una economía de magnitud comparable a la mexicana, y de un paralelismo político muy interesante entre los dos países. Alberto Fernández, autor del artículo dedicado a Argentina, fue jefe de gabinete del primer gobierno de los Kirchner, de 2003 a 2008.

Este primer quinquenio, el de Nestor Kirchner, quien ganó con apenas 22% del voto, se caracterizó por la suma prudencia e inteligencia con la que abordó los problemas más urgentes de un país que acababa de caer en la insolvencia internacional y sufría índices extremos de desempleo y pobreza después de varios gobiernos neoliberales.

Nestor aprovechó un contexto internacional favorable, con precios crecientes de la soya y otros productos agropecuarios. Y reactivó la economía interna mediante un fuerte programa de obras públicas, lo cual le permitió un crecimiento promedio de 8% del PIB en toda sus gestión, así como una balanza comercial y una cuenta pública superavitaria. Pagó todas las deudas atrasadas a los organismos financieros internacionales y acumuló fuertes reservas generando mayor credibilidad y por tanto mayores inversiones externas directas e indirectas.

Otro de sus grandes aciertos fue “constituir una Corte Suprema independiente conformada con nombres moralmente intachables y técnicamente superiores”, lo que le permitió “anular las leyes de impunidad y favorecer el juzgamiento de quienes estaban acusados de haber cometido el genocidio de una generación de argentinos.”

Aunque abocado a resolver los problemas más apremiantes este primer gobierno Kirchner no tuvo el tiempo ni la manera de transformar a fondo la estructura económica heredada, que favorecía la desigualdad y la extrajerización, así como la dependencia de productos primarios (agropecuarios y mineros), sí abatió en gran medida la pobreza y el desempleo y sentó las bases para dicha transformación profunda por el gobierno de su sucesora y esposa Cristina Fernández de Kirchner.

Pero dicho cambio económico a fondo no se produjo. El segundo gobierno Kirchner se desgastó infructuosamente en pleitos y litigios interminables. Cristina cambió la política pragmática y conciliadora de su marido por una más ideológica y de confrontación con amplios sectores sociales y políticos. “La aplicación de una política maniquea a partir de la cual se definieron amigos y enemigos del poder, convirtió al país en un centro de permanentes disputas siempre irreconciliables. Esa lógica despertó el malestar de algunos, el odio de otros y el desencanto de muchos”, dice el autor.

Se echó encima a los productores agropecuarios del país al decretar mayores impuestos de exportación. Se echó encima a los medios al imponerles una estricta ley regulatoria y hostigarlos con un discurso confrontacionista, con lo cual provocó una reacción conocida como “periodismo de guerra” por parte de los medios. Y confrontó al poder judicial al cambiar la ley que regulaba la selección de jueces con el fin de imprimirle un carácter político a su nombramiento.

Inmersa en estas confrontaciones cada vez más escandalosas la sorprendió la gran crisis internacional de los commodities derivada de la crisis financiera internacional de 2008. Cayó el precio de sus principales productos de exportación, disminuyeron notablemente las inversiones externas y se desataron procesos inflacionarios que dieron al traste con el notable incremento salarial logrado por su marido. Cristina no solamente no realizó el gran cambio estructural esperado, sino que ni siquiera pudo mantener los logros de bienestar y empleo alcanzados en el primer gobierno kirchneriano.

Sin embargo, para suplir su fracaso económico y social Cristina se lanzó en grande con una agenda “progresista” en favor de las minorías gay y feministas radicales, el aborto, la muerte asistida, la identidad de género y el divorcio expreso.

Una de las grades tentaciones de todos los gobiernos de izquierda cuando se ven incapaces de realizar los cambios estructurales en la economía y la distribución social de la riqueza para salir del subdesarrollo y sostener mejoras sustanciales de bienestar social ha sido esta: salir por la puerta falsa de la agenda gay-feminista. Una agenda que si bien les crea alianzas con ciertos grupos muy militantes y combativos, les genera un fuerte rechazo entre grandes sectores del electorado.

Estos son los peligros a los que se enfrenta el nuevo gobierno de México. El autoritarismo, las actitudes maniqueas y confrontacionistas, el irrespeto a los demás poderes y al pacto federal, la ideología por encima de la realidad y el sentido común, y la gran tentación de querer suplir un verdadero cambio económico y social de fondo con una agenda falsamente progresista contraria a los valores familiares.

La gran pregunta es si el nuevo gobierno de México tendrá la capacidad de escarmentar en cabeza ajena, o seguirá el mismo camino al fracaso de la gran mayoría de los gobiernos de izquierda en América Latina.

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Escrito por Ricardo Olvera

Periodismo de opinión y análisis desde 1985 en revistas como Resúmen Ejecutivo-EIR, Benengueli y Solidaridad Iberoamericana. Editor de Presencia, semanario de la Diócesis de Tijuana (1994-1997), y de El Heraldo Católico, Diócesis de Sacramento, Oakland y San Francisco, California (1997-2005).

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