La noche era fría y oscura.

El peso de los días y de los problemas de la vida parecían insoportables.

A causa de nuestros padres, estábamos irremediablemente condenados a morir.

Hubiéramos desaparecido para siempre. Sólo la memoria de algunos que nos hubieran amado nos hubiera rescatado del olvido. Y eso hubiera sido muy efímero, hubiera durado sólo unos pocos años. Y después la nada.

La enfermedad, el cansancio, el desamor marcaban el ritmo de nuestros pobres pasos.

Nos esforzábamos cada día, trabajábamos y todo el dolor de todos los días no podía darnos una razón mínima para esperar algo distinto.

La tristeza a la que parecíamos condenados, que hacían grises los días, parecía haber ganado la partida.

Parecía que cada quién tenía que rescatar su propio destino con sacrificio y trabajo. Pero no lo lográbamos. Cada mañana que despertábamos íbamos a la lucha, a pagar con sangre y sudor el caro precio de un pan y a esperar a que esta tristeza terminara.

Pero, Aconteció.

Lo que no esperábamos, llegó. De lo Alto nació el sol. Se disiparon las tinieblas, el frío y la oscuridad cesaron.

Y nos dio luz al día. Estábamos tristes y llegó la alegría.

Aconteció como un día bello. Como una espléndida mañana.

Y a partir de ese día, mi destino y el tuyo cambiaron.

Podía irme a dormir sabiendo que en la mañana me iban a despertar.

Había ya una razón para soportar el hambre, el frío, el miedo, el dolor.

Aconteció y no fue por mi iniciativa.

Había desde entonces una razón para poder ver el rostro de mi hermano de una manera distinta.

Había ya una razón para creer que el amor vive para siempre.

Aconteció.

Eso pasó el día de Navidad, en verdad aconteció.

Del vientre de una muchacha virgen, nació la esperanza que anhelaba mi corazón.

En un establo pobre, frío, insalubre, nuestra pobre y frágil humanidad fue rescatada de morir para siempre.

El creador de todo el Universo está ahí, el Verbo hecho carne.

¿Cómo no habría de darme ternura ese pobre niño? ¿Cómo no habría yo de alegrarme por este inesperado acontecimiento?

Por este hecho, real en la historia, se rompieron las cadenas de la esclavitud y el pueblo al que pertenecemos ha sido liberado.

No lo podíamos planear, no había líder ni ejército que pudiera conseguirlo.

Toda la historia, toda, se doble ante esto. Tantas riquezas, tanto poder, tantas luchas, todo, todo, se relativiza por lo que aconteció en Belén.

No lo buscábamos y este acontecimiento salió a nuestro encuentro.

Y a partir de ahí, todo me ha sido dado gratuitamente. A pesar de mis faltas. He sido acogido en mi miseria y rescatado sin ni siquiera merecerlo. Mi única virtud ha sido ser amado.

Como dice Calcanhotto, en la lengua de Camões: aconteció cuando nadie lo esperaba.

“Aconteceu quando a gente não esperava

Aconteceu sem um sino pra tocar

Aconteceu diferente das histórias

Que os romances e a memória

Têm costume de contar

Aconteceu sem que o chão tivesse estrelas

Aconteceu sem um raio de luar

O nosso amor foi chegando de mansinho

Se espalhou devagarinho

Foi ficando até ficar

Aconteceu sem que o mundo agradecesse

Sem que rosas florescessem

Sem um canto de louvor

Aconteceu sem que houvesse nenhum drama

Só o tempo fez a cama

Como em todo grande amor”.

Abre estas líneas un fragmento de La Adoración de los Pastores, de Georges de La Tour, 1644, Museo del Louvre. 

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Escrito por Gabriel Leal

Aprendiz de filósofo por accidente, docente por vocación y tapatío por nacimiento. Gusto por la literatura, la historia, la política y las tortas ahogadas.

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