Todos sabemos lo que dijo Taibo. No voy a defenderlo, no voy a atacarlo; simplemente voy a tomar como pretexto lo sucedido para reflexionar en voz alta sobre el asunto.

Tenemos que entender que existe una esfera pública y una esfera privada (García Márquez incluso hablaba de alguna más: la esfera secreta). No podemos actuar fuera de los límites que nos imponen dichos escenarios sin provocar un estropicio; por poner un ejemplo exagerado: uno no va a un templo a emborracharse y a una cantina a rezar; hacerlo implicaría quebrantar un orden establecido por el contexto social. Solo los ineptos son unidimensionales. Son esa clase de personas que suelen abochornar a los demás con sus impertinencias y majaderías, los maestros en infundir en los otros eso que se ha dado en llamar “pena ajena”.

Todo lo anterior me sirve para señalar el desvío de Taibo, que consistió en expresarse públicamente como le correspondería haberlo hecho en el mundo de la intimidad. Si esto es importante para todos, resulta particularmente fundamental para los servidores públicos, cuyo trabajo consiste en representar y gestionar una sociedad que, como bien sabemos, está conformada por personas que piensan, viven y actúan de maneras diferentes. Es una enorme torpeza que en nombre de la “frescura” o la “autenticidad” algún funcionario se despoje de las formas que debe imponer la sensatez. Lejos de ser baladí, este protocolo es esencial para la democracia porque impone seriedad, uniformidad, respeto y profesionalismo a sus actores principales, los oficiales del aparato de estado. Si no me cree, observe lo que sucede con los mercados cuando a alguno de los que manda le da por proferir o realizar absurdidades. No es de extrañar, el mercado es el termómetro que nos alerta cuando se ha roto, así fuera mínimamente, la estabilidad social que debería procurar a rajatabla la administración pública.

El caso de Taibo no es dramático, es más bien sintomático. No es dramático porque no ha tenido mayor repercusión que la airada y algo histriónica reacción de sus adversarios; pero sí que es sintomático desde un punto de vista ético. Al decir lo que dijo, el escritor hispano-mexicano se muestra de cuerpo entero como un espíritu mezquino, alguien incapacitado para establecer vínculos de respeto con sus oponentes a quienes, por lo visto, quiere humillar y someter por la fuerza que le ha dado un ejercicio democrático legítimo. Estás conmigo o estás contra mí, o como dijera Siqueiros, ese otro exaltado: “No hay más ruta que la nuestra”. No me extraña: actúa motivado por los resortes de la ideología. Está convencido de que el mundo se divide en dos mitades precisas y antagónicas: un nosotros esencialmente bueno y un ellos fundamentalmente malo. Su lucha política ostenta la reivindicación radical por bandera, por eso aspira a esa entelequia denominada la tabula rasa, que consiste en quemar hasta la raíz el mundo anterior para crear un mundo nuevo. Es el ideal marxista, un ideal, como bien sabemos, condenado al fracaso.

Gobernar debe ser un ejercicio noble y, por tanto, reclama más que un ánimo furibundo; es preciso que en el espíritu de los gobernantes anide ante todo la prudencia. Ya ganaron en las urnas y nadie va a quitarles jamás esa victoria. Queda por ver si en esa otra contienda, más trascendente y significativa para todos, la de la historia, sabrán también salir airosos. No lo creo, lo digo honestamente, aunque deseo de todo corazón equivocarme.

Anuncios

Escrito por Álex Ramírez-Arballo

Álex Ramírez-Arballo. Profesor de cultura y literatura latinoamericanas en la Pennsylvania State University. Doctor y maestro en literaturas hispánicas por la University of Arizona. Poeta y escritor. En el mundo académico imparte cursos de lengua y literatura latinoamericana, así como un taller de composición para hablantes nativos durante las primaveras. A la fecha ha publicado cinco libros de poesía, uno de crónicas y un libro de ensayos: Las comuniones insólitas (ed. UNISON 1998); El vértigo de la canción dormida (Ed. UNAM 2000); Pantomimas (Ed. ISC 2001); Oros siempre lejanos (Ed. ISC 2008); Las sanciones del aura (Ed. ISC 2010); en crónica: Como si fuera verdad (Ed. ISC 2016). Su libro de ensayos se titula: Buenos salvajes –seis poetas sonorenses en su poesía. Ha sido ganador de premios de poesía a nivel local (Sonora) y nacional, como el premio Clemencia Isaura (1999), los Juegos Trigales del Valle del Yaqui (2001), mención honorifica en el premio Efraín Huerta de poesía (2001), así como los premios binacionales Antonio G. Rivero (1998) y Anita Pompa de Trujillo (2006). Sobre su obra poética, el Diccionario de escritores mexicanos dice: “La poesía de Álex Ramírez-Arballo se proyecta como una exploración dentro de los territorios del pasado, la oscuridad y la ausencia. Esta sensación de vacío surge porque los elementos verbalizados son definidos no por lo que son, sino por lo que un día fueron: la infancia, el amor, el lenguaje, etcétera. En sus poemas proliferan las imágenes relativas al fenómeno de la mirada, la enunciación poética, el inconsciente y los procesos del sueño”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.