“Aquí nadie habla de ti ya, eres un fantasma entre los ecos de la casa,
pero yo te pienso; eterna y viva, hermana mía, corazón de llama.”

Más allá de haber sido hermana de santa Clara de Asís, primera seguidora de san Francisco y fundadora de la comunidad femenil franciscana,Inés –de verdadero nombre Catalina- lleva y llevará siempre un atributo que ningún otro tuvo ni nadie se lo podrá quitar: haber dado inicio a la Orden de las damas pobres (clarisas más comúnmente conocidas). En Inés toda la familia franciscana insertada en la Iglesia católica reconoce en nacimiento propiamente del ideal franciscano femenil por hacer sido ella la primera en seguir a Clara dieciséis días después que de que esta escapara de la casa paterna en la primavera del1213. Debo decir, con honestidad franciscana que todo parece indicar que la pequeña Inés al verse sola en casa sin su hermana mayor a la que desde siempre unió una gran empatía de ideales y un gran amor especial, sintió el deseo de ir tras ella. Poco a poco, su cercanía se clarificó en una más estrecha comunión del mismo ideal heredado directamente del pobrecillo de Asís.

Inés es esa que jamás reprimió sus sentimientos hacía los suyos, aquellos con los que compartía la sangre y el apellido. Después continúo amando de cerca de su madre Ortolana y a su otra hermana Beatriz quienes también abrazaron la vida dentro del claustro del legendario monasterio de San Damián en Asís. Es, la joven intrépida que se burló de la distancia, luchando contra esta precisamente aceptándola y combatiéndola. Ya cerca, ya lejos, su amor se expresa sin tapujos. Es libre en amar la sangre con la misma intensidad con que se ama el ideal. Es Inés la que enseña que amar al resucitado no deshumaniza sopretexto de “haber tomado el arado y mirar hacia atrás”. Es la joven santa perseguidora del Cristo que jamás se aleja y se hace encontrar en aquellos con los que crecimos.

En 2013 escribí al respecto:

“La entrega total a Dios jamás exigirá ignorar los lazos de sangre ni eliminar los vínculos de amor con aquellos con los que compartimos el inicio de nuestra vida, es lo que nos enseña esta gran experiencia de encuentro(Inés-Clara). Sin embargo, las decisiones de nuestra vida pueden tener esta exigencia de renuncia, de desapego y de distancia. La misma santa Inés dice convencida más adelante en la carta: ‘Creía que la vida y la muerte deberían unir en la tierra a quienes tendrán una misma vida en el cielo, y que el mismo sepulcro debería encerrar a quienes tuvieron una misma cuna. Pero, a lo que veo, me había engañado…’ (CtaIn 2). Cierto, a pesar de la realidad de la distancia geográfica de estas dos, Dios fue benévolo al concederles no ‘distanciarse’ tanto en su partida al cielo. Es sabido que después de la muerte de Clara en 1253, a los pocos días Inés también murió. El encuentro continuó allá.” (Clara; mujer de encuentros. Zapopan 2013).

No nos ahorremos el amor. Amemos más y mejor a los nuestros; los de sangre y los de opción libre. Amemos porque no hay otra mejor manera de hacernos más humanos y más divinos.

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Escrito por Daniel Ramos

Mexicano y Jalisciense. Franciscano y sacerdote. En los andares de la filosofía y en el constante ir de la vida. En exilio italiano. Escribo para darle voz a la vida.

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