blanco y negro
… te siento siempre

Vi caer una lágrima por tu rostro
y me sorprendía al ver tanta fragilidad.
Era una lágrima sencilla y honesta,
precisamente eso me sorprendió,
porque en ti escasean la sencillez y la honestidad.

La vi rodar por tus ojos y quise al momento tenerla entre mis manos,
como sucede en el cine.
La vi caer y me contuve, sentí miedo, duda.
Mi corazón se vició de recato, de indiferencia,
pero le ganó al momento la absurda compasión.

Tus palabras eran bellas y me invitaban a creerte.
Tu maravillosa elocuencia me seducía, tu mirada sugería credibilidad.
Yo quería creerte y al momento mostrarte que te creía,
pero tu falsedad se presentaba verdadera
y te empeñabas en falsear tu mísera verdad.

¿Que si te creí? No. Porque desde el primer instante supe que eras mentira.
Una mentira sin intensión, pero al final una mentira.
No te creía porque mataste la confianza
con aquellas palabras que me encantaban pero que no me convencían.

No te creí, no te creo ni te creeré jamás.
Aunque tus ojos sigan mirando los paisajes que soñamos algún día contemplar.
Aunque sigas escuchando la misma estación de radio
que te regala aquellas canciones que eran sólo nuestras.
Aunque tu recuerdo es como el tatuaje de toda mi piel que encubre mi ser todo.
Aunque el ritmo de tu corazón sea el marcapasos de mi propia alma.

Te creo sólo si vuelves.
Si desciendes de donde estás y aclaras las dudas.
Si me miras con aquellos ojos llenos de vida
que expresan tu inquietud. Sólo si vuelves.

No volverás, lo tengo por cierto. Porque no tienes nada a qué volver.
Porque sabes cómo lo sé yo, que aquello poco que logramos nos lo arrebataron,
pisoteándolo con fuerza de gigantes ante nuestros propios ojos y nada pudimos hacer.
Lo metieron en cajas y lo tiraron tan lejos de aquí
que no sabemos por dónde comenzar a buscarlo.

Búscalo tú, tal vez con eso purgues tu altanería y
tu independencia estúpida que te llevó a cuartearte.
Búscalo en la ciudad o en los lugares que frecuentábamos.
Tal vez lo encuentres con el dentista o dentro del café,
o mejor, en el fondo de aquella laguna a la que platicamos nuestra alegría.

Yo no lo busco porque simplemente no quiero buscarlo.
Porque sólo imaginar el lugar en el que está me da miedo. Me paraliza.

Prefiero aferrarme a mis recuerdos,
estos que dan calor al frío de mi existencia
tan aturdida después de tu ruido.

Veo el tráfico de la ciudad , la gente pasar, el sol salir y en cada detalle te presentas.
Imposible es negar que te veo en cada rostro y te escucho reír en la sonrisa del mundo, este mundo que pintamos con nuestros colores.

No sé hoy dónde estás y si leerás estas letras aun aturdidas.
No lo digo a ti, sino que lo digo a mí mismo: lo reconozco.
Quise creerte al punto de mentirme.
Quise fingir no obstante la evidente verdad.
Yo sé cómo convencerme y como desengañarme.
Triste tú, que ni mientes ni resuelves. Vives en una mentira toda.

Sigue ahí, dentro sólo de ti. Pensando en ti y engañando sólo a ti.
Yo, en mi presente te pienso a veces, te siento siempre.

2005

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Escrito por Getulio Bueno

Mente y corazón en total impunidad. Sin el 'fue', viviendo el 'es', soñando el 'será'. Poesía para la vida. Fotografía de afición.

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