Confieso que escribo estas líneas muy molesto y pido de antemano perdón por ello. He leído en redes sociales estos últimos días una serie de descalificativos por parte de algunos mexicanos hacia los hermanos centroamericanos que atraviesan el país en la llamada “caravana migrante” hacia los Estados Unidos, cosa que me parece inconcebible e injustificable.

Según los datos del último International Migration Report de Naciones Unidas (del año 2015) en el mundo hay 244 millones de migrantes (41 por ciento más que en 2000) y arroja un dato digno de llamar la atención: El país que más emigrantes tiene es India (16 millones), y en segundo lugar es, ¡México! con 12 millones. 

¿Cómo es posible que uno de los países con mayor población migrante sea a la vez un país que discrimina a quien cruza su territorio? 

En los últimos años he estado tanto con amigos como con familiares en Estados Unidos que me han compartido sus difíciles experiencias en busca de hacerse la vida en un ambiente y cultura bastante hostil. Y a pesar de las dificultades, hoy trabajan, tienen derechos y pueden ofrecer un mejor futuro a sus hijos. 

Cuando fue la elección en Estados Unidos de 2016 y ante el duro y cruel ataque a la inmigración por parte del entonces candidato republicano (hoy presidente), yo tenía la certeza que la población latina no votaría por él, pero cuál sería mi sorpresa al ver que el 29% de ellos le dio su voto y le ayudaría a ganar estados claves, como Florida. 

¿Qué pasa en el mundo que se vota a políticos con discursos duros, excluyentes y que buscan la confrontación antes que la unidad?

Para quienes queremos optar por la persona humana y su dignidad en todo momento, en especial por la de aquellos que más sufren y a quienes hay que dar la mano en los momentos de persecución y odio, es necesario que no caigamos en la trampa de quienes buscan difundir una mentalidad de prejuicios, rechazo y exclusión.

En este mundo individualista y capitalista, es importante que no perdamos de vista que el primero que se deshumaniza es quien no ayuda a quien lo necesita, por ello me parece que en estos días es importante tener en cuenta algunos elementos de elemental sentido común. Bien decía Marilú Martínez en sus redes sociales que es importante no convertirnos en los despreciados que desprecian y por ellos refería tres puntos que me parece importante compartir: 

  1. Basta de decir que los hondureños no se merecen la ayuda de nuestro país. 
  2. No tiene sentido decir que primero hay que ayudar a los “nuestros”, una cosa no excluye a la otra. 
  3. No hay que fomentar mensajes e imágenes que induzcan hacia un discurso de odio.

Nos quejamos no sólo del trato de los norteamericanos hacia nuestros paisanos, también de los niveles de inseguridad, violencia y pobreza en nuestro país, sin darnos cuenta que esos problemas inician con perder de vista que el otro tiene una dignidad altísima y que se juega mi destino junto con el suyo. Es necesario parar esa espiral de odio que luego puede generar violencia. 

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Escrito por Gabriel Leal

Aprendiz de filósofo por accidente, docente por vocación y tapatío por nacimiento. Gusto por la literatura, la historia, la política y las tortas ahogadas.

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