Crisis total

En septiembre de 2008, mientras el mundo se convulsionaba por la mayor crisis financiera desde el famoso crash del 29 llegó a mis manos un articulillo en el que Mauricio Beuchot, sacerdote y afamado filosofo mexicano, hablaba del desplome financiero más como un síntoma que como una causa; afirmaba que la raíz del mal era una pérdida del sentido trascendente de la vida humana, maniatada por un materialismo posmoderno, asistemático y sobre todo cínico. Si en aquel momento la idea me pareció sugerente, hoy la tengo por verdad incuestionable: el viaje ha dejado de ser la metáfora de la vida y ahora lo que mejor la representa es la caída libre. No hay noche en la que no me pregunte antes de dormir: ¿cuándo será el día en que tocaremos fondo?

Vivimos tiempos difíciles, confusos y en ocasiones me parece abiertamente agónicos: algo esta muriendo frente a nosotros pero no podemos salvarlo porque no lo vemos, aunque escuchamos sus estertores y compartimos su dolor. Somos parte de una tragedia que ya anuncia la caída del telón tras el tercer acto; no sabemos lo que sucederá mañana y esta indefinición nos produce un miedo hondo y oscuro. En estas horas nefastas enfrentamos, por si fuera poco, un riesgo adicional; me estoy refiriendo al advenimiento de figuras mesiánicas que se proponen como puentes repentinos sobre el abismo: son todos mentirosos, todos. Se trata de falsarios vendedores de remedios mágicos que se aproximan a las almas desesperadas para comprarlas a precios de rebaja. Una mirada rápida al mundo nos demuestra la proliferación de santones -de izquierda o derecha, da igual- que cosechan sus ganancias en el rencor y la confusión de nuestra quebrantada época. Los maravillosos portentos tecnológicos en materia de comunicación virtual son utilizados para diseminar su confusión y su locura. Son auténticos maestros en el arte del engaño, auténticos enemigos de la libertad.

Si la crisis es de humanidad, es preciso entonces trabajar por ella, es decir, trabajar por la persona. Es el futuro lo que está en juego: la democracía, el ideal de un proyecto humano basado en la razón sintiente, dialógica, personal (perdonen la insistencia) y libremente comunitaria. No podemos mirar con indiferencia el cinismo impuesto por las ideologías vacías porque no son inocuas, porque los logros políticos, económicos, éticos y estéticos del proceso civilizatorio occidental, y digo esto con la mayor seriedad posible, pueden perderse para siempre.

El malestar de nuestro tiempo es la aniquilación del sentido. Nuestra misión más urgente es la de reconstruir con amor lo que ha sido desmontado con menosprecio y perversión; mi trinchera es la educación y desde ahí pretendo batallar día y noche contra los promotores de la división y el absurdo. Tengo para mí que el movimiento principal de nuestra resistencia ha de ser el de recuperar la noción de que hay cosas verdaderas y cosas falsas, cosas buenas y cosas malas, cosas bellas y cosas horribles.

Creo, tengo fe, abrazo la esperanza y la confianza en los poderes del corazón humano para hacerse una y otra vez. Volverá a salir el sol.

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Autor: Álex Ramírez-Arballo

Álex Ramírez-Arballo. Profesor de cultura y literatura latinoamericanas en la Pennsylvania State University. Doctor y maestro en literaturas hispánicas por la University of Arizona. Poeta y escritor. En el mundo académico imparte cursos de lengua y literatura latinoamericana, así como un taller de composición para hablantes nativos durante las primaveras. A la fecha ha publicado cinco libros de poesía, uno de crónicas y un libro de ensayos: Las comuniones insólitas (ed. UNISON 1998); El vértigo de la canción dormida (Ed. UNAM 2000); Pantomimas (Ed. ISC 2001); Oros siempre lejanos (Ed. ISC 2008); Las sanciones del aura (Ed. ISC 2010); en crónica: Como si fuera verdad (Ed. ISC 2016). Su libro de ensayos se titula: Buenos salvajes –seis poetas sonorenses en su poesía. Ha sido ganador de premios de poesía a nivel local (Sonora) y nacional, como el premio Clemencia Isaura (1999), los Juegos Trigales del Valle del Yaqui (2001), mención honorifica en el premio Efraín Huerta de poesía (2001), así como los premios binacionales Antonio G. Rivero (1998) y Anita Pompa de Trujillo (2006). Sobre su obra poética, el Diccionario de escritores mexicanos dice: “La poesía de Álex Ramírez-Arballo se proyecta como una exploración dentro de los territorios del pasado, la oscuridad y la ausencia. Esta sensación de vacío surge porque los elementos verbalizados son definidos no por lo que son, sino por lo que un día fueron: la infancia, el amor, el lenguaje, etcétera. En sus poemas proliferan las imágenes relativas al fenómeno de la mirada, la enunciación poética, el inconsciente y los procesos del sueño”.

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