¿Por qué puede volver a ganar Trump? Porque los demócratas no han querido entender, aceptar y corregir las causas de su derrota electoral de hace dos años. Por el contrario, las han llevado a mayores extremos, mientras insisten en dar explicaciones ridículas como el cuento de la “injerencia rusa”, o su insistencia en que quienes votaron por Trump son simplemente estúpidos o ignorantes.

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Hay dos aspectos importantes que han alejado a sectores sociales tradicionalmente demócratas de ese partido: su política económica neoliberal extrema, que perjudicó de manera muy especial a los trabajadores de cuello azul, los obreros industriales que vieron esfumarse sus empleos y su nivel de vida como resultado de la globalización económica. Y su agenda social-sexual llevada al extremo de apoyar aberraciones como el llamado aborto por nacimiento parcial, que permite eliminar al nuevo ser humano en los últimos dos meses de su gestación –infanticidio-, y la adopción de niños por parejas homosexuales, entre otros radicalismos inaceptables y ofensivos para el común de la gente.

Liberalismo económico extremo y liberalismo social-sexual también extremo, dos aspectos de la agenda liberal que van de la mano. En lo económico se dejó completamente de lado el criterio de bien nacional, y solo importa el máximo beneficio económico del individuo o la empresa privada, con lo que se propició la salida al extranjero de capitales y empresas en busca de mano de obra barata en detrimento de la economía nacional y de sus trabajadores. En lo social se ha deificado el placer y la libertad sin compromiso del individuo, en detrimento de su tradicional sentido de esfuerzo y sacrificio en función de formar y educar una familia.

Aunque el Partido Republicano siempre ha compartido la agenda económica neoliberal del Demócrata, con sus diferencias en cuanto a impuestos y programas de beneficencia, el gobierno de Trump ha impuesto un programa de protección y fomento a la gran industria nacional, con resultados bastante exitosos en sus primeros dos años:

En los casi dos años del gobierno actual, la economía de EU ha logrado crecer a ritmos cercanos al 4% anual, desempañándose mejor que las economías europeas y asiáticas (ver referencia).

Para finales de junio pasado se habían creado 362 mil nuevos empleos en manufactura, alcanzando el nivel más alto de empleo manufacturero en 10 años. Para julio ya eran 400 mil nuevos empleos manufactureros. La tasa de crecimiento de este tipo de empleos entre julio 2017 y julio 2018 fue la más alta desde 1984. En los primeros 21 meses de la actual Administración, el empleo manufacturero creció 10 veces más que en los primeros 21 meses de la Administración Obama.

Según la Oficina de Estadísticas Laborales, en agosto de este año la cantidad de nuevos empleos alcanzó la cifra record de 7 millones, mayor que la cantidad de desempleados existentes en el país. Para las minorías hispana, afro-americana y asiática el desempleo bajó a cifras record, y entre 2017 y 2018 la cantidad de negocios propiedad de afro-americanos creció 400 por ciento.

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También los salarios se han venido incrementando en estos dos últimos años, particularmente los de empleos manufactureros. Según el Departamento del Trabajo, los salarios manufactureros y mineros han crecido a tasas de doble dígito en lo que va del año. La empresa Grassdoor, especialista en este tema, reporta que el salario de los trabajadores de cuello azul es el que más se han incrementado, en comparación con los de trabajadores de cuello blanco.

Estos logros económicos han revitalizado la confianza de grandes sectores de la población en la capacidad del gobierno para cambiar el rumbo y los resultados de la economía, mientras antes todo se podía justificar culpando a la todopoderosa e inapelable “mano invisible del mercado”.

Más aún, un obrero industrial que recupera su empleo recupera también la confianza de que su país puede “volver a ser grande”. De ahí la fuerza del eslogan político de Make America great again. Mientras los demócratas insisten en despreciar la historia y burlarse de los símbolos tradicionales del patriotismo estadounidense, al que consideran rupestre y contrario a los sofisticados gustos cosmopolitas del mundo globalizado, sin saber que en la inmensa mayoría de los estadounidenses, fuera de las élites ilustradas de las grandes urbes, dicha tradición sigue muy viva y latente.

Al igual que la familia, la fidelidad conyugal y la educación de los hijos siguen siendo valores muy atesorados en el corazón del pueblo americano, por lo que la insistencia demócrata de exacerbar fenómenos como el homosexualismo militante, el feminismo radical y el libertinaje sexual, alejan a sectores crecientes de sus votantes tradicionales.

Es cierto que radicalizar dichos movimientos socio-sexuales y enfatizar las diferencias entre las minorías étnicas y la mayoría “blanca” les ha permitido generar un conglomerado variopinto de movimientos contestatarios muy combativos, pero al mismo tiempo les ha hecho perder ascendencia sobre sectores sociales que tradicionalmente los apoyaban, como los ya mencionados trabajadores de cuello azul y sectores importantes de las minorías étnicas vinculadas al catolicismo, que históricamente han sido votantes demócratas.

El único líder demócrata que entendió en su momento la importancia de cambiar la política económica neoliberal para favorecer a los obreros industriales fue el senador Bernie Sanders, quien fue descartado a la mala por la élite del Partido Demócrata para imponer la candidatura de Hillary Clinton.

Es difícil saber si en las ya próximas elecciones legislativas el Partido Demócrata será capaz de recuperar su mayoría en el Congreso, como regularmente sucede en elecciones intermedias, pero es seguro que solo si retoma su programa económico tradicional favorable a los trabajadores de cuello azul y al mismo tiempo modera su agenda social-sexual tendrá posibilidades de recuperar la Presidencia en 2020.

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Escrito por Ricardo Olvera

Periodismo de opinión y análisis desde 1985 en revistas como Resúmen Ejecutivo-EIR, Benengueli y Solidaridad Iberoamericana. Editor de Presencia, semanario de la Diócesis de Tijuana (1994-1997), y de El Heraldo Católico, Diócesis de Sacramento, Oakland y San Francisco, California (1997-2005).

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