Pablo VI: un corazón que amó a la Iglesia

Amedeo Orlandini

El padre Adrián Lozano Guajardo recientemente publicó una biografía sobre la vida y el pontificado de Pablo VI, quien el próximo 14 de octubre será canonizado por el Papa Francisco. Para comprender un poco de la vida del pontífice lo entrevistamos acerca del contenido de su publicación.

Usted acaba de publicar un libro sobre Pablo VI qué tiene por título Pablo VI: Un corazón que amó a la Iglesia, ¿por qué le parece importante este Papa?

Me parece que a Pablo VI le caracterizó siempre el amor a la Iglesia y me parece que esto es también algo providencial, en cuanto le tocó concluir el Concilio Vaticano II y ponerlo en marcha con todos los retos que eso significa en un organismo viviente como es la Iglesia.

Concluir algo tan importante y ponerlo en marcha conlleva siempre momentos de diálogo intenso, a veces con posturas no coincidentes, y para ello se necesitaba un corazón sabio y que amara a la Iglesia, precisamente para poder encarnar todas las intuiciones del Concilio Vaticano II de la Iglesia en el mundo.

El Concilio fue esencialmente pastoral y creo que lo que caracteriza a Pablo VI fue este amor a la Iglesia; por eso quise publicar el libro, para hacer ver que el amor a la iglesia y el amor a Cristo van profundamente unidos.

Pablo VI decía: “yo quiero abrazar a la Iglesia en cada persona, en cada enfermo, en cada preso, en cada pobre, en cada persona que sufre, en cada ser humano, en cada sacerdote, en cada obispo”. Entonces, es el amor a la Iglesia lo que me impresionó de Pablo VI, así como la indisolubilidad entre el amor a Cristo y el amor a la Iglesia, que se encarna en el ejercicio de la verdad en la caridad en el mundo. Esto es lo que yo veo muy ejemplificado en la persona de Pablo VI.

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Pablo VI, en Filipinas.

¿Cuál es la estructura del libro?, ¿de qué habla?, ¿qué es lo que nos presenta?

El libro tiene básicamente tres capítulos. El primero aborda la vida de Pablo VI, desde su nacimiento hasta su muerte, pasando por la época de seminarista, de sacerdote, de arzobispo de Milán y después como Papa. También se habla de sus viajes por los cinco continentes en giras pastorales, donde incluso sufrió un atentado, en Filipinas.

Después, en la segunda parte, abordo su pensamiento enfocado a la verdad, como testigo de la verdad, y ahí pretendo presentar las principales encíclicas entorno a los misterios de la fe, sobre a la fe de la Iglesia y también sobre la vida, por ejemplo la encíclica Humanae vitae y la sacralidad del amor humano.

El tercer capítulo se refiere al aspecto pastoral, a su caridad, a su corazón, en cuanto se hizo cercano a los jóvenes, a los enfermos, a los ancianos, al mundo entero. Entonces son tres los capítulos que dividen la obra: vida, verdad y corazón.

Hoy, en el mundo y en la Iglesia, vivimos situaciones dramáticas: problemas de pedofilia, ataques al Papa… Recuerdo que hay un discurso de Pablo VI, muy impactante y dramático, en el que dice que se ha introducido en la Iglesia “el humo de Satanás”. Es como él si el percibiera el drama que la Iglesia estaba viviendo en aquel momento, que es similar a lo que ocurre también hoy. ¿Cómo piensa que puede ayudar la experiencia y ejemplo de Pablo VI en las circunstancias que vive hoy la Iglesia?

Este discurso de Pablo VI que dice que el humo de Satanás ha entrado por las fisuras de la Iglesia es muy fuerte. En aquel momento había expresiones muy polarizadas, ya no se trataba únicamente de un diálogo fecundo. Ya no se trataba de dirimir algunas diferencias a la luz de la verdad, sino que ya eran oposiciones, a veces extremas.

El papa Pablo VI dice esto porque Satanás divide y se estaba introduciendo esta división en algunas posturas extremamente radicales, ultraconservadoras, que no querían un cambio. Y trasladando esto a la situación de ahora, el Papa Francisco también ha dicho algo semejante sobre la acción del maligno, que lo único que busca es dividir.

¿Cómo nos ilumina el discurso de Pablo VI respecto de lo que ahora sucede? Pienso que con el mismo ejemplo de Pablo VI, que es el mismo ejemplo que está dando el Papa Francisco: fidelidad a la verdad y ofrecimiento de la propia vida.

De hecho, Pablo VI dice: “a lo mejor Dios me llamó a dirigir a la Iglesia para que yo sufra algo por ella, porque sufriendo por ella y dando mi vida por ella puedo dar vida con mi vida a la misma Iglesia”. El Papa fue siempre testimonio absoluto y claro de la verdad. Esto es lo que caracterizó a Pablo VI en los momentos más duros, donde más contestación hubo. Pienso que el Papa Francisco está siendo un ejemplo semejante al de Pablo VI en cuanto a fidelidad a la verdad y ofrecimiento de la propia vida. Este silencio del papa Francisco en cuanto a ofrecimiento, en cuanto a amor a la Iglesia, para mí es un ejemplo impresionante, todo es finalmente por amor a la Iglesia. Y la Iglesia somos todos los bautizados.

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Pablo VI fue un Papa viajero.

Usted subraya la sintonía no solo doctrinal, sino de experiencia entre Pablo VI y el Papa Francisco. Me parece importante este punto, porque en algunas posiciones dentro de la Iglesia, y también fuera de ella, se juzga a los últimos papas como si hubiera una ruptura entre ellos, como si no se captara la unidad en la diversidad de este Magisterio.

Yo creo que hay una gran unidad. Esas clasificaciones entre conservador y liberal son muy arriesgadas e injustas. Yo más bien hablaría de fidelidad, yo siento que los últimos papas han sido exquisitamente fieles a la verdad, a la caridad y a lo mejor hay acentos distintos, por supuesto, pero son acentuaciones dentro de la fidelidad, dentro de la verdad y la unidad.

Por ejemplo, Pablo VI tiene alguna exhortación apostólica sobre la alegría cristiana y su primera encíclica fue sobre la Iglesia, Francisco también tiene la exhortación apostólica Evangelii gaudium, que es su primera exhortación en la que habla de la alegría del Evangelio. De alguna manera Francisco retoma los títulos de Pablo VI como si fuera una combinación y las intuiciones las pone al día. Entonces yo veo que hay una gran continuidad.

Yo en lo personal invitaría a quien hace estas divisiones tan simplistas a ver que, por ejemplo, Benedicto XVI no tiene nada de ultraconservador, en sus documentos, encíclicas, su pensamiento es propositivo.

Yo hablaría de fidelidad a la verdad, fidelidad al amor y fidelidad a Cristo en la Iglesia, en cuanto a la misión de los papas y yo reconozco una gran unidad, con acentos distintos, pero se pueden tener acentos en la verdad, no hay ningún problema.

Uno de los documentos del Papa Pablo VI, que en su tiempo provocó mucha polémica, que fue Humanae vitae y de alguna manera ahí podemos ver una continuidad en los papas, con Francisco por ejemplo con el documento Amoris laetitia, sobre el amor en la familia.

Yo también percibo una continuidad. En el 1968, con la Humanae vitae, el tema central es la sacralidad del amor humano y la dignidad de la persona, aunque hay otros temas que el Papa toca, precisamente para que la unión en el matrimonio, entre el esposo y la esposa, sea un reflejo de esta sacralidad. Lo que pasa es que se polariza por ejemplo el tema respecto al uso de los antoconceptivos, sin embargo, lo que el Papa subraya es que uso de los anticonceptivos no va de acuerdo con la sacralidad del amor humano. Sin embargo, este tema, que produjo mucha polémica, no es lo más importante y central de la Encíclica

Si vemos los escritos el Papa Francisco, en concreto Amoris laetitia, encontramos una gran continuidad. El Papa Francisco, en la mayor parte de su documento presenta lo central y la belleza del amor humano y del matrimonio y luego,considerando la complejidad de las situaciones, sugiere algunas actividades pastorales para acercarnos a la gente para dialogar, pero sin sacrificar la verdad; sin embargo, esta parte, que repito es muy reducida, aunque importante, se ha considerado como la más importante y sobre ella se ha armado la polémica.

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A bordo del avión en el que hacía sus viajes pastorales.

¿Hay algún elemento más que usted pueda subrayar de Pablo VI?

A mí me conmueve el cariño que el Papa tenía a los sacerdotes. De hecho, se dice que cuando sabía que un sacerdote estaba en dificultades le escribía alguna carta de forma personal para consolarlo y fortalecerlo.

Cuando era arzobispo de Milán y un sacerdote estaba pasando por un gran desánimo, le escribe una nota que dice: “no pierda el ánimo, padre, siempre contará con la bendición de su arzobispo”. Y esta carta animó mucho otra vez a este sacerdote. A mí me conmueve, dentro de muchas cosa, ese corazón de Pablo VI para el sacerdote, y en general para toda la Iglesia, y esa dedicación a cada persona, como si fuera la única.

Quiero resaltar que fue el primer Papa que salió de viajes pastorales. Fue a la India, fue a África, a Nueva York, a Colombia, estuvo en Irán, en Filipinas, donde sufrió el atentado, y en Australia. Después Juan Pablo II hizo esto mismo de una manera impresionante. Yo quisiera resaltar este espíritu misionero y su cariño a cada persona. Y eso se encarna mucho en la actitud hacia el sacerdote que sufría.

¿Sufrió mucho el Papa?

Sí, muchas incomprensiones, de hecho hubo momentos en donde decía “Dios me llamó para sufrir algo por la Iglesia”, pero cuando hace su testamento, antes de morir, dice “yo quiero que la Iglesia sepa que siempre la he amado. Y es una confidencia que no quería hacer hasta que se acerque el día de mi partida. Siempre la he querido”. Y eso demuestra todo lo que sufrió por amor a la Iglesia y a cada uno de sus miembros.

Conoce al autor del libro

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El padre Adrián Lozano Guajardo nació en Monterrey, Nuevo León, el 27 de noviembre de 1966. Fue ordenado sacerdote en la Basílica de Guadalupe el 7 de junio de 2003. Se doctoró en Filosofía en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, con un estudio sobre el conocimiento humano en Santo Tomás de Aquino. Ha ejercido su ministerio sacerdotal en parroquias, hospitales, reclusorios y, en los últimos años, funge como director espiritual de los cadidatos al sacerdocio. Desde el año 2006 imparte las materias de Metafísica y Teología Natural en la Universidad Católica Lumen Gentium de la Ciudad de México.

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Autor: amedeo orlandini

Maestro en Filosofía. Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica "Lumen Gentium" de la Ciudad de México. Campos de investigación. Antropología y Ética

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