“Caminar sin tener que correr,
un placer tan sencillo
como pasear sin prisa, deambular,
vagabundear, incluso curiosear.
¿Cuándo algo tan sencillo y tan humilde
se había convertido en un lujo?”

Sé muy bien que para leer hay poco tiempo, o no lo hay; cuando mis alumnos me preguntan cómo le hago para leer, les contesto que para leer nunca hay tiempo; es cierto, nunca lo hay.  Siempre hay y habrá otras cosas “más importantes”, pero para leer es necesario hacernos un espacio, un tiempo. ¡Cuánto crecemos cuando lo hacemos! ¡Cuántas sensaciones y sentimientos nuevos experimentamos a través de unas cuantas páginas! Como bien diría Umberto Eco:

“Quien no lee, a los 70 años habrá vivido una sola vida, ¡la propia! Quien lee, habrá vivido 5000 años: Estaba cuando Caín mató a Abel, cuando Renzo se casó con Lucía, cuando Leopardi admiraba el infinito… Porque la lectura es la inmortalidad hacia atrás”.

Bueno, hace unos meses me recomendaron este libro, que sin esperarlo se convirtió en uno de mis favoritos: El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartín; una novela inteligente, dura en ocasiones, romántica y muy bella, además, tiene un poco de historia, literatura y otro tanto de filosofía.

En estas líneas no les contaré todo acerca de ella, pero sí espero con estos pequeños fragmentos animarlos a buscarla, leerla y disfrutarla.

Prudencia Prim, una mujer sumamente inteligente, con un currículum impresionante, inmersa en la agitada vida de la ciudad y en su trabajo, decide un día, cansada de todo aquello, dejar esa vida e ir en busca de algo distinto.  El libro relata esa búsqueda. ¿De qué? Ni ella misma lo sabe, pero lo que encontró, y con ella lo encontramos también todos al leerla, es algo que extrañamos, pero sin saberlo.

Está llena de personajes interesantes y distintos entre ellos: el hombre del sillón, los niños, quienes son bastante fuera de lo común por sus aficiones y conocimientos, y hablando de lectura, ¡ellos sí que leían!; la liga feminista y el lugar: San Irineo, lugar al que, después de leer este libro, he deseado escapar no pocas veces, porque las personas que ahí viven han encontrado, de alguna manera, y entre todos, una vida más apacible y en la cual pueden disfrutar de los placeres que quienes vivimos en una gran ciudad, ya no podemos.

Cada parte de esta novela nos enseña algo, y nos dejará pensando en todo aquello que sabemos, pensamos que sabemos o bien nos hace darnos cuenta de cuánto no sabemos.

Pensé en escribir mis comentarios sobre cada uno de los fragmentos que a continuación expondré, pero creo que ellos hablan por sí mismos, y cada quien tendrá algo que pensar o decir de cada uno.

Lo que quiero decir es que El despertar de la señorita Prim, es una novela de esas que todos deberíamos leer, algo así como Orgullo y Prejuicio, claro, guardando la distancia y el respeto que esa gran obra me merece, pues no las estoy comparando; aunque he de confesar que yo le cambiaría el final, pero eso ya lo dirán ustedes cuando la lean.

Cuando descubres la belleza en cosas tan sencillas como un libro, comienzas a ver la vida y sus detalles de una manera distinta. La vida corre muy rápido, eso lo sabemos todos, por eso vale la pena detenerse y recuperar la capacidad de asombro que muchos hemos perdido ya. Y un libro es un buen comienzo para recuperarla.

Doce fragmentos para reflexionar:

1. “Descubrió que la inteligencia, ese maravilloso don, crece en el silencio y no en el ruido.  Fue aquí (en San Irineo) también donde aprendió que la mente humana, verdaderamente humana, se nutre de tiempo, de trabajo y disciplina”.

2. “La mayoría de las mujeres no tienen conversación.  Y no la tienen, esto es lo más grave, no porque no puedan, sino porque no se molestan en intentar tenerla”.

3. “Hay momentos en la vida en que a todos se nos presentan dilemas que no quisiéramos tener que resolver.  Aunque en cada vida ese dilema aparece disfrazado con ropajes diferentes, su esencia es siempre la misma.  Hay un sacrificio y hay que escoger una víctima: uno mismo o los demás”.

4. “¿Se imagina cómo sería usted si no tuviese personas cerca con capacidad para influenciarla? ¿Nadie para señalarle sus defectos, nadie para hacerle frente cuando se excede en su carácter, nadie para corregirla cuando se equivoca?”.

5. “Las cosas pequeñas construían las grandes, desde luego que lo hacían”.

6. “Los salvajes modernos tenemos también nuestras limitaciones.  Ya no encontramos tiempo para sentarnos a una mesa a charlar sobre lo divino y lo humano.  Y no sólo no encontramos tiempo, sino que tampoco sabemos cómo hacerlo”.

7. “La sensibilidad no es el instrumento adecuado para pensar, y cuando se utiliza para pensar, no sólo no lleva a buen puerto, sino que conduce al desastre. (…) No ser sentimental no significa carecer de sentimientos, sino únicamente encausarlos.  El ideal es poseer una cabeza templada y un corazón sensible”.

8. “Debería aprender a mirar el mundo tal cual es, Prudencia, no como a usted le gustaría que fuera”.

9. “¿Puede acaso un hombre despierto querer vivir dormido?”.

10. “Todos los hombres detestan a Darcy (Orgullo y Prejuicio) porque todos pierden brillo a su lado.  Y todas las mujeres lo adoran porque, una vez redimido de su orgullo, es el idea de lo que debe ser un hombre: firme de carácter, sincero y honesto. Pero, desgraciadamente, el mundo moderno piensa de otra forma.  Muy pocas mujeres leen literatura inglesa del siglo XIX, menos aún en estos tiempos”.

11. “Los jóvenes de hoy en día extienden la niñez más allá de lo que corresponde cronológicamente, son inmaduros e irresponsables a una edad en la que ya no deberían serlo.  Pero al mismo tiempo pierden muy pronto la candidez, pierden la inocencia y la frescura.  Le sonará extraño lo que voy a decir, pero envejecen pronto”.

12. “Caminar sin tener que correr, un placer tan sencillo como pasear sin prisa, deambular, vagabundear, incluso curiosear.  ¿Cuándo algo tan sencillo y tan humilde se había convertido en un lujo?”.

En definitiva, las cosas más hermosas de la vida se disfrutan sin prisas y aquellas que valen más la pena requieren de esfuerzo tanto para conocerlas, como para tenerlas y amarlas.  La naturaleza es una de ellas, detenernos a conocerla y estudiarla es detenerse a conocernos a nosotros mismos. ¡Vale la pena!

 

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El despertar de la señorita Prim
Autor: Natalia Sanmartin Fenollera
Editorial: Planeta
Barcelona, 2013

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Escrito por Elsa Sepúlveda

Enamorada de la filosofía, docente por convicción y amor a la verdad. Una regia que escapó de la industria para encontrarse con las humanidades y la filosofía.

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