Hoy quiero recomendar una película que me ha dejado un grato sabor de boca. Es “Life as a house” (Irwin Winkler 2001, Estados Unidos), que aquí titularon “Construyendo la vida” y en otros países de habla hispana “La casa de mi vida“. Narra los últimos meses de un hombre que llevaba una existencia desangelada, frustrada y triste. George Monroe (Kevin Kline) pierde el trabajo que había tenido por años y habiéndose divorciado años atrás, no le queda más que una vieja casa en un acantilado y su perro. Al recibir la noticia de que tiene una enfermedad terminal, se propone terminar la casa que dejó siempre inconclusa y recobrar (si alguna vez tuvo) el cariño de su hijo, un adolescente rebelde y drogadicto (interpretado por Hayden Christensen, antes que se hiciera famoso por ser Anakin Skywalker).

Al obligarlo a pasar un verano en su compañía, George logra construir el sueño de su vida: Al mismo tiempo que trabaja en la construcción de su casa, logra reconstruir su familia y recobrar el amor de su mujer y su hijo. La muerte le llega cuando la casa está inconclusa, pero ahí está de pie las paredes, las puertas y algunos techos de lo que fue verdaderamente suyo.

Evidentemente, la intención de quienes realizaron esta película es hacer una metáfora de la misma vida en donde no hay nada predestinado sino que, como dice aquella canción de Alberto Cortez, “las cosas a mi alrededor, sólo son consecuencias de lo que yo soy“.

Estos días he estado reflexionando en el hecho de que vivimos una cultura de irresponsabilidad, de culpar a agentes externos, a las circunstancias, a los otros de lo que nos pasa. Esta es una generación de hombres y mujeres que temen a asumir la propia realidad, quizás porque le provoque miedo, temor a esta exigencia moral que hace de la existencia algo que pareciera no hecha para disfrutar, sino para sufrir.

En este mundo que cierra posibilidades a una vida digna, con una altísima desigualdad económica, una educación que reduce todo al ingreso, con una creciente inseguridad, pareciera que la vida es solo para sobrevivir. Sólo podemos ser verdaderamente hombres en la medida en que construyamos nuestra propia casa, en que tomemos el destino de nuestra vida como nuestra personal labor y asumamos el reto de decidir qué caminos tomar.

Es muy fácil delegar responsabilidades, dejar que otros tomen los criterios y decidan por nosotros. Pero sólo asumiendo nuestra realidad, haciendo comunidad y viviendo la aventura de ser hombres, sólo así, podemos ser felices. El personaje de George nos mostró que hay que ir al fondo de nuestros afectos, a saber perdonar y pedir perdón a quienes amamos, que siempre hay ocasión de rectificar y que la vida, aunque finita y con muchas dificultades, vale siempre la pena vivirla.

En la vida no hay recetas ni manuales, siempre herimos a quienes amamos y somos heridos por ellos mismos. Esta extraña simbiosis entre dolor y amor parece requisito indispensable para vivir a fondo nuestras propias exigencias y pararnos de la manera más adecuada, con todas nuestras heridas y defectos, frente a nuestros seres queridos.

Yo mientras, quiero seguir construyendo mi casa.

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Escrito por Gabriel Leal

Aprendiz de filósofo por accidente, docente por vocación y tapatío por nacimiento. Gusto por la literatura, la historia, la política y las tortas ahogadas.

2 comentarios

  1. Excelente Sinopsis….. se antoja solo de leerla.

    Saludos Cordiales.

    *Favor de confirmar recepción por este medio…*

    *ING. DANIEL RENTERIA RODRIGUEZ*

    organicaeditores.mx/downloadpdf.jsp?bookId=11 *ISBN 978 – 607 – 8113 – 17 – 0*

    Me gusta

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