Enumero algunas de las acusaciones que conozco contra Sócrates Amado Campos Lemus:

  1. Era un infiltrado en el Movimiento Estudiantil. Uno de los brigadistas del Poli me dijo: “Estoy seguro de que Sócrates era un implante del gobierno porque tenemos información que comprueba que nunca hizo examen de admisión ni estuvo registrado en ninguna escuela y llegó directamente a quinto semestre”.
  2. Sócrates era representante de la Escuela de Economía del IPN en el Consejo Nacional de Huelga. Dentro de la asamblea del CNH propuso dejar un plantón en el Zócalo después de la marcha del 27 de agosto, para forzar al presidente Gustavo Díaz Ordaz a un diálogo público el primero de septiembre, cuando saliera a recibir el besamanos tras el informe presidencial. La propuesta fue rechazada por la asamblea porque se consideró que ponía en riesgo al Movimiento.
  3. Sin embargo, Sócrates arrebató el micrófono la noche del 27 de agosto y, por la libre, hizo esa propuesta frente al mitin. Miles la secundaron y se quedaron en el Zócalo. Se le considera una provocación; la valoración del CNH había sido certera: a las pocas horas salieron tanques del Palacio Nacional a desalojar a los estudiantes.
  4. La escritora Elena Garro afirmó que durante el Movimiento Estudiantil un grupo de estudiantes armados la sacó de su casa y la hizo subir a un Valiant rojo. Ahí, Sócrates le pidió a Elena ser la mensajera de una propuesta: decirle a Carlos Madrazo, ex presidente del PRI, que dirigiera el Movimiento Estudiantil, a lo que Garro se negó.
  5. Tras la masacre de Tlatelolco, Sócrates Campos Lemus ayudó al ejército a identificar a los líderes del CNH en las mazmorras del Campo Militar Número Uno, a donde los llevaron detenidos. Esta historia la cuentan Félix Hernández Gamundi: “esto ocurrió (conmigo y) con muchos otros compañeros, los identificó de celda en celda”, afirmó Gamundi; le pasó lo mismo al Búho, que había conseguido pasar desapercibido algunos días, dando nombres falsos: “Sócrates tendrá que pagar por sus crímenes algún día y quienes se lo van a cobrar son los estudiantes que traicionó desde el 2 de octubre de 1968”, dijo el Búho. Recojo ambos en testimonios de La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska.
  6. El 5 de octubre, carpinteros y trabajadores habilitaron en pocas horas una sala de conferencias en el Campo Militar Número Uno. El gobierno citó a los medios de comunicación y les presentó a Sócrates Campos Lemus, quien dio declaraciones que al otro día serían noticia de ocho columnas. Afirmó que el CNH tenía cinco comandos armados para disparar a soldados y granaderos en la plaza de las Tres Culturas, y que disponían de un arsenal de 22 pistolas, dos rifles y dos ametralladoras. Con esa versión apuntalaba la verdad histórica del gobierno de Díaz Ordaz, de que el ejército había respondido a disparos de los estudiantes.
  7. En esa misma conferencia afirmó que un grupo de políticos del PRI, encabezados por Carlos Madrazo, habían apoyado el Movimiento Estudiantil, y que la mensajera para ofrecer dicho apoyo había sido la escritora Elena Garro. A partir de esa versión se destruyó la vida política y literaria de Elena Garro, quizá la mejor escritora mexicana del siglo XX, además de que se debilitó al grupo madracista, que al poco tiempo desistió de formar un partido de oposición.
  8. El 21 de abril de 2004, el diario Reforma difundió una fotografía en donde Sócrates aparece, a principios de los 80, brindando con Juan García Ábrego, el líder del cártel del Golfo. La escena ocurrió en un rancho del legendario contrabandista Juan N. Guerra, en Tamaulipas. En ese entonces Sócrates trabajaba en el gobierno de Vicente Fox como director de Comunicación Social en la Procuraduría General de la República, bajo las órdenes del general Rafael Macedo de la Concha. Sócrates renunció a su puesto ese día por el escándalo mediático. 9. Florencio López Osuna, el otro representante de la Escuela de Economía del IPN ante el CNH, se citó con Sócrates en un café dentro del aeropuerto de la Ciudad de México. Le sorprendió ver que un hombre de tipo militar, al ver a Sócrates de casualidad, se cuadró ante él como si fuera su superior. Sócrates lo reprendió y lo dejó ir. Esta escena se la contó López Osuna a un líder de las Juventudes Comunistas, quien me la contó a mí.

Me encontré con Sócrates Campos Lemus en una plaza comercial de la Ciudad de México en julio de 2018. Desayunamos y tomamos café. Me habló de médicos y medicinas, de dolencias en la cabeza y cadera. Me contó que vivía en un barrio residencial de Oaxaca, que disfrutaba de un patrimonio acumulado como servidor público de mediano nivel, en cargos “en los que había vendido su fuerza de trabajo, no su conciencia” (insistió en eso varias veces). Me contó de su amistad con Fernando Gutiérrez Barrios, entonces titular de la DFS, y otros políticos del PRI, entre ellos algunos ex gobernadores. Habló de su pertenencia a la masonería.

“Ni agente de la CIA, ni del gobierno, ni infiltrado, ni provocador. Demuéstrame que fui agente, o militar, y todo lo que he ganado ahí te lo regalo”, me dijo. Negó que el 27 de agosto de 1968, tras la marcha más grande del Movimiento Estudiantil, haya arengado a las masas a quedarse en el Zócalo. Quienes impulsaron esa línea fueron Roberta Avendaño, La Tita e Ignacia Rodríguez, la Nacha, dos dirigentes de la Escuela de Derecho de la UNAM, y el resto, dijo, son invenciones de los cronistas. Aceptó que, después de la masacre de Tlatelolco, había identificado a sus compañeros del CNH en el Campo Militar Número Uno. No le pareció ninguna traición porque, afirmó, era un movimiento público y el gobierno tenía las fotografías de todos. Reconoció que sí, que había declarado ante la prensa sobre los comandos armados del CNH y la supuesta conspiración de Carlos Madrazo y Elena Garro. Pero lo hizo obligado, bajo tortura, ante simulacros de fusilamiento, golpes en los riñones que le habían dejado secuelas permanentes, y la amenaza de que tenían a su madre e iban a matarla. De la reunión con Garro se sostuvo en la versión contraria: que fue la escritora quien le propuso que Madrazo los encabezara. Negó la historia de López Osuna: ni siquiera tomé café con él, dijo. Y de la fotografía con Juan García Ábrego me dijo lo mismo que le declaró a Roberto Zamarripa, el periodista de Reforma que lo entrevistó en 2004: estaba haciendo un trabajo periodístico sobre Juan N. Guerra, y conviví con los capos por esa razón. “Si fuera un chivo expiatorio o traidor, si yo sólo pude contra todo el Movimiento, entonces el Movimiento no sirvió para nada. Ese argumento es absurdo”.

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Escrito por Emiliano Ruiz Parra

Emiliano Ruiz Parra (Ciudad de México, 1982) es autor de los libros de crónica Ovejas negras (2012), Los hijos de la ira (2015) y Obra negra (2017), además de coautor de una decena de títulos, como The Sorrows of Mexico (Londres, 2016). Recibió el Premio Nacional de Crónica Joven 2016, el Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter en 2013 y fue nominado al Premio García Márquez de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano en 2010. Licenciado en Literatura Hispánica por la UNAM y maestro en Teoría Política por University College London, fue reportero de política en el diario Reforma. Actualmente colabora en diversos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Gatopardo, en donde ha sido el autor más prolífico con una veintena de reportajes de largo aliento. Sus textos han sido traducidos a seis lenguas.

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