Hay ocasiones en las que el atrevimiento en las artes ilumina los caminos que se nos abren a la acción y al pensamiento, siendo su intencionalidad no necesariamente esa. Eso sucede en esta época con películas y series de televisión. Eso sucede con Merlí.

Merlí es una serie de TV3, la televisión pública catalana, que se puede ver en Netflix y que se compone de tres temporadas con audio original en catalán, aunque también se encuentra doblada al castellano (cosa que no recomiendo) y con subtitulado a múltiples idiomas, incluido el castellano.

Son en total 40 episodios en los que un profesor de filosofía de bachillerato con maneras y métodos poco comunes, se enfrenta a la tarea de reincorporarse a la docencia gracias a una sustitución, en una zona imprecisa de Barcelona y con un alumnado poco acostumbrado a tener sorpresas con el profesorado.

He visto y leído múltiples críticas y comentarios a la serie, pero tienden a centrarse en la manera “especial”, “atípica”, “diferente” de dar las clases de este hombre a punto de cumplir los 60 y con una personalidad, como poco, peculiar.

Pero siendo un detalle importante, lo son más otros elementos que habría que tomar en cuenta para poder valorar mejor las aportaciones, y también los peros de la serie, que también los tiene.

Sobreabunda el sexo, un tema tan recurrente en el medio audiovisual de España, y Merlí no escapa a ello. Es una serie muy catalana y no me parece realmente que esto entorpezca la comunicación de lo relevante, sino que incluso en algunos momentos ayuda.

Lo realmente destacable en lo negativo, desde mi punto de vista, es la cuestión de la poca o nula diversidad entre las procedencias de las y los protagonistas. En el aula hay 11 chicos y chicas protagonistas y otros tantos que son de relleno; entre estas últimas hay gente de origen africano, asiático y posiblemente latinoamericano, pero entre el grupo principal, todas son locales.

Sólo en la última incorporación al elenco, ya avanzada la serie, un personaje se corresponde con una ucraniana adoptada, pero la actriz es local. Esto, en una Barcelona multicultural no parece muy adaptado a la realidad, y de haberse desarrollado de manera más plural podría haber mostrado con mejor detalle las problemáticas de un grupo de jóvenes de 16 a 19 años haciendo el bachillerato en un barrio de Barcelona con cierta diversidad de procedencias socioeconómicas.

Hasta aquí lo anecdótico del “medio”, del formato que se ha utilizado para mostrar diferentes formas de relación en un centro escolar, entre profesorado, entre alumnado y la siempre olvidada relación entre profesorado y alumnado.

El factor pedagógico, incluso de los contenidos filosóficos introducidos en píldoras sencillas de comprender y que aportan varias novedades, no sólo en la presencia de la filosofía en la televisión, en las series de entretenimiento, se convierte en la más relevante de las aportaciones de la serie.
El mayor acierto según la mayor parte de las críticas es mostrar que se puede enseñar la filosofía de otra manera, e indudablemente no voy a negar que es un factor muy importante para considerarla positivamente.

La filosofía lleva demasiado tiempo siendo desconsiderada y reducida en importancia en los curricula escolar, y el modo de enseñanza del profesor, que espera que se memorice y repita unos contenido que explica magistralmente, ya era hora que empezara a verse superado en las series de adolescentes al uso.

Cada capítulo se dedica a un autor o autora, de diversas épocas, desde la Grecia clásica a los días actuales. No sólo se incorpora a mujeres filósofas, sino que además se incluyen pensadores del presente, o por ejemplo de Asia.

Se van dando unas pinceladas de su pensamiento, que van a servir de canal para el desarrollo de la temática del capítulo, descubriendo los protagonistas la relación entre ambas cosas. Y las formas pedagógicas de Merlí, el personaje principal, el maestro, llevando a su clase al patio, a la cocina o fuera del centro a realizar la clase, encauzando la temática hacia las preocupaciones reales de quienes tiene delante, resultan sorprendentes ante lo que se encuentra normalmente.

Pero es que en lo filosófico, Merlí quiere fundamentalmente conseguir que esas chicas y chicos piensen, e incorporen la reflexión a su día a día, y eso es lo que más debería hacerse notar de sus formas. Que no busca adoctrinar en una forma de pensar, como mucho pretende adoctrinar en la necesidad de reflexionar sobre la realidad cotidiana de cada uno, y dar a conocer que ya otras y otros lo hicieron antes.

Por otro lado, se ha criticado la incoherencia del personaje, la falta de cohesión entre el profesor y el hombre fuera del centro. Creo que precisamente este es un elemento clave para otro elemento que no se ha puesto en valor de la serie.

Merlí no limita su actuación a su relación en el aula. Se preocupa por el día a día de quienes tiene delante, e interviene, se implica. De haber sido una persona perfecta, eso hubiera llevado a un personaje angelical, y por tanto poco real.

Merlí es como sus alumnas y alumnos, imperfecto, con errores, con miedos y con incongruencias. Y en el paso de las 3 temporadas vamos a verle incluso en el centro de la segunda como duda de que esa implicación sea positiva, siente celos de otra profesora, y se retrae en su relación de proximidad.

El proceso educativo es en realidad mágico. Precisa de una constante puesta en juego de lo que cada una de las partes es, para que surja el milagro del aprendizaje. La memorización es fruto de la suerte o del esfuerzo; el aprendizaje es una reacción, química decimos muchas veces, en la que alguien cuenta y otro entiende, que no está falta de esfuerzo y concentración, pero donde lo contingente es esto último, y lo necesario, la magia. Eso es lo que muestra perfectamente Merlí, quien no en vano toma el nombre del mago por excelencia.

La magia no es algo que piense que se da por obra de ningún tipo de acción externa, se trata más bien de eso que sin comprender su origen o razón, sirve de vehículo, comunica a las partes y lleva a ese estado de “pequeña” trascendencia que es el conocimiento.

Ese momento en el que gracias a la implicación de las partes, a las personas implicadas en esa comunicación, se es capaz de entrar dentro de los demás y estos no sólo escuchan, sino que pueden ir más allá de lo que han oído para elaborar sus propias conclusiones. Y desgraciadamente, como para la lírica, éstos son malos tiempos para la magia, pues el ruido exterior, las distracciones, hemos permitido que nos ganen terreno.

Por último, decirles que Merlí pone en cuestión algunos temas que han parecido fundamentales para la enseñanza en las líneas tradicionales e incluso “alternativas”.

Memorización, autoridad, respeto, distancia, son elementos que sin ser directamente cuestionados, el protagonista va a poner en cuestión a lo largo de la serie. Temas de los que me gustaría hablarles en una segunda parte, más allá de Merlí.

merli03

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Escrito por Juan Carlos Vila

Filósofo; dianoia y dialógica van unidas a la persona. Especialista en Charles Péguy, y Personalismo Comunitario. Chileno de nacimiento, extremeño de adopción.

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