Por Maria Rosa Cantú Sáenz

Resulta sorprendente que en una época donde la tecnología sirve tanto al hombre para descubrir nuevos planetas y galaxias, pueda al mismo tiempo, servirse de ella para autodestruirse. Recientemente hemos visto distintos retos que desafían la propia seguridad, entre los más recientes está ‘InMyFeelings Challenge’, que consiste en bailar una melodía del rapero Drake bajándose de vehículos en movimiento o en edificios altos. Bueno, hace poco hasta una piloto hizo el reto en un avión.

Aunque algunos pueden llegar a tener un lado cómico y hasta divertido bajo condiciones controladas y seguras, hay otros que son preocupantes, como lo fue “el juego de la ballena azul”, que se viralizó hace unos meses.

Este reto consiste en una serie de 50 desafíos que van aumentando su peligrosidad, desde ver películas de terror, hasta arrojarse desde lo alto de un edificio.  ¿Pero qué mente puede pensar en un juego así, hasta que termine con la vida? ¿Quién está dispuesto a participar? ¿Por qué?

Según informes oficiales, el creador del juego de retos de la ballena azul es Philip Budeikin, un joven ruso.  Se encontraba en prisión acusado de haber creado grupos virtuales que incitan al suicidio, después de reportarse la muerte de varios adolescentes que se quitaron la vida siguiendo las pautas de la Ballena Azul.

A sus 21 años fue encontrado muerto en su celda de prisión en Petersburgo.  Murió por una sobredosis tras ingerir una gran cantidad de fármacos para trastornos de ansiedad fuertes.  Como una referencia, resulta interesante señalar que Rusia tiene una de las mayores tasas de suicidio adolescente del mundo.

Estudios indican que el nivel de depresión, ansiedad y agresión es hasta cuatro veces mayor entre los adolescentes en Rusia, en comparación con otros países europeos.

El suicidio ha sido un tema tan vital y al mismo tiempo tan ignorado.  Un hecho que no es ajeno a nuestra realidad.

Tras el doloroso incidente en el Colegio Americano de Monterrey,  las autoridades responsables dieron a conocer que jóvenes en grupos de internet operan a través de las redes sociales e instan a cometer actos hostiles y suicidas.

Las autoridades alertaron a los padres de familia para lograr una mayor vigilancia en relación a la cantidad de horas que sus hijos pasan frente a la computadora y respecto a los sitios y juegos que sus hijos frecuentan en el Internet.

Estos hechos nos generan muchas preguntas, no solo a nivel familiar sino a nivel social. ¿Qué factores culturales de nuestro entorno afectan a los adolescentes para llevar a cabo este tipo de conductas? San Juan Pablo II acuñó el término de “la cultura de la muerte”,  y de acuerdo al profesor Michael Kearl del departamento de Sociología y de Antropología de la Universidad Trinity de San Antonio, las consecuencias de la “cultura de la muerte” pueden verse en los altos índices actuales de depresión, angustia, drogadicción, aborto, conductas autodestructivas, suicidio y masacres”.

Vemos como el mundo del entretenimiento explota el tema de la muerte, exaltando la violencia, el narcotráfico y el crimen organizado que quitan valor a la vida y a los principios morales.  En su libro The Deathmatch Manifiesto, Robert Waring analiza la popularidad que han alcanzado entre los adolescentes los videojuegos de combate a muerte en realidad virtual.  Tales juegos no educan, sino que enseñan a matar. Tener un contrincante y tratar de demostrar su valía es una experiencia muy intensa.  Es facilísimo aficionarse, cautiva a los adolescentes.

Hay muy poco control sobre su uso a pesar de que hay edades para los videojuegos. La vida de los adolescentes está conectada al internet y se desarrolla cada vez más en un ámbito inaccesible a muchos padres.  Algunos empresarios con pocos escrúpulos y los narcotraficantes siguen aprovechándose de la ansiedad, desesperación y pobreza espiritual de la gente con tal de generar una ganancia económica.

Por otro lado, en recientes semanas ha sido un tema de debate público, la serie de Netflix llamada: “13 Reasons Why” (“13 Razones de Porqué”), cuyo contenido versa sobre las razones que tiene una adolescente para quitarse la vida.  La serie de 13 capítulos ha sido un fenómeno en redes sociales. Al margen de la polémica de si la serie rinde o no un culto al suicidio y a la venganza, lo cierto es que la serie ha venido a mostrar a los adolescentes una cuestión que les implica directamente y a la que muchos nunca la habían tenido que ver de frente. Esto nos ayuda a reconocer la importancia de comunicar el malestar que se vive para ser ayudados.

Es preocupante y alarmante un informe que revela que el suicidio es la tercera causa de muerte en niños entre 10 y 14 años en los países desarrollados. Según el estudio publicado en la revista Pediatrics, el suicidio es la segunda causa de muerte entre los adolescentes solo después de los accidentes, superando al homicidio por primera vez.

El origen de esos factores varía según cada caso, pero el uso de Internet por más de cinco horas al día ha sido relacionado con la depresión y los pensamientos suicidas. La mayoría de los suicidios adolescentes parecen estar vinculados a problemas de alcoholismo de los padres, abuso o conflictos familiares (Unicef 2011 / Rosstat 2016).

¿Cuáles son los principales factores de riesgo?  Un desequilibrio en los neurotransmisores (factores neurobiológicos),  trastornos psiquiátricos (psicopatológicos), pobres habilidades para resolver problemas (cognitivos), violaciones sexuales muy agresivas (experiencias vitales traumáticas). La depresión es el cuadro clínico más relacionado a comportamiento suicidas, especialmente en la infancia y la adolescencia. La desesperanza, la baja autoestima y pocas razones para vivir explican las ideas de poner fin a la propia vida.

¿Por qué la adolescencia es una etapa vulnerable?  La adolescencia es una etapa de la vida crítica y vulnerable porque es una etapa de profundos cambios físicos, anatómicos y psicológicos que requieren de tiempo y acompañamiento adecuado para integrar y madurar.  Los adolescentes que permanecen solos, sin una supervisión adulta, están dos veces más en riesgo de uso y abuso de alcohol y drogas, que aquellos con presencia efectiva de vínculos familiares.

El suicidio es un acontecimiento vital en que están presentes componentes biológicos, psicológicos, sociológicos, culturales y filosóficos.  En numerosos casos la decisión de quitarse la vida aparece como un comportamiento funcional, para poner fin a situaciones de sufrimiento y tensión que se han convertido insoportables para la persona que las padece.

Los signos de la cultura de la muerte están presentes en nuestros días.  Los signos del engaño saltan a la vista. El “juego de la ballena azul” se presenta como algo divertido,  bueno y bello.  Basta “conectarse” a la red para verse atraídos por la imagen de una mujer bella, dar clic y quedarse quizás atrapados en un punto de no retorno. Las víctimas de este malvado juego son quienes están en situación de vulnerabilidad afectiva. Frente a esta clase de fenómenos vale la pena recodar las palabras del Papa Francisco durante la Conferencia Internacional para la Paz celebrada en El Cairo en 2017:

“Es necesario acompañar y ayudar a madurar a las nuevas generaciones para que, ante la lógica incendiaria del mal, respondan con el paciente crecimiento del bien: jóvenes que, como árboles plantados, estén enraizados en el terreno de la historia y, creciendo hacia lo Alto y junto a los demás, transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad. Tenemos el deber de quitar la máscara a los vendedores de ilusiones sobre el más allá, que predican el odio para robar a los sencillos su vida y su derecho a vivir con dignidad transformándolos en leña para el fuego y privándolos de la capacidad de elegir con libertad y de crecer con responsabilidad”.

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Escrito por La Pluma Invitada

La Pluma Invitada es un espacio de colaboraciones para la Revista Humanum.

One comment

  1. vamos a disfrutar de la victoria plena del bien en sí en nuestros corazones mismos gracias a la feliz encarnación de las valencias eternas del panhedonismo, de la emotividad positiva, del pensamiento racional, y de la lucidez axiológica en nuestros corazones mismos en nuestro vivir cotidiano en este maravilloso lugar.

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