Ignacio Solares: entre las letras y la fe

El escritor Ignacio Solares no tiene miedo a ser identificado como un hombre de fe. Su religiosidad se caracteriza por el compromiso social y un profundo amor a la razón y a la libertad del ser humano. Y por una crítica severa a la Iglesia

Ignacio Solares es uno de los pocos escritores mexicanos contemporáneos que no teme afirmar públicamente su fe, aunque –como él mismo reconoce– es un severo crítico de ciertos personajes y momentos de la Iglesia católica, por haber secundado ideas que para él no reflejan el Evangelio. Por ello, afirma que los católicos deberían convertirse al cristianismo.

Solares no duda en lanzar dardos contra figuras conocidas y desconocidas del catolicismo reciente, a causa, sobre todo, de lo que él considera rigidez en la doctrina moral sobre la familia y la sexualidad: «Vivimos un momento en el cual yo diría que ser católico es hasta mal visto y la Iglesia se lo ha ganado a pulso».

«Yo creo que lo mejor que podemos hacer es tener una actitud crítica ante ella y manifestarla abiertamente, precisamente en un momento en el cual parece como si fuéramos seres de otro planeta, o por lo menos de un siglo muy anterior», afirma.

Solares no duda en mostrar sus cartas desde el principio de nuestro encuentro, quizá para ver si uno se anima a seguir dialogando con él.

Para conversar sobre temas polémicos de la Iglesia con un crítico férreo hay que tener afecto por el interlocutor y un interés por descubrir qué se esconde detrás de sus heridas.

Una vez pasada la aduana que el mismo escritor impone, la conversación en torno al cristianismo fluye y revela qué es lo que late en el corazón de este hombre que cuenta con una abundante producción periodística y literaria y quien es director emérito de la revista de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Solares defiende que el cristianismo está directamente relacionado con el cuidado del otro. Así lo aprendió en Chihuahua con los jesuitas, a quienes admira profundamente, ya que sembraron en él la devoción:

«Estudié con jesuitas y mi fe me fue profundamente inculcada y no puedo negar la cruz de mi parroquia, yo tengo una formación absolutamente religiosa».

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Ignacio Solares, orígenes jesuitas. Foto: Juan Pineda.

A TRAVÉS DE LA LITERATURA

El autor de No hay tal lugar es consciente de que, aunque reniegue de ciertos aspectos de la Iglesia católica, debe reconocer que ella es la comunidad humana que fundó Cristo para que Dios se comunicara a la humanidad. Este es el motivo por el que nombraron Los Católicos a un libro que compila conversaciones sobre el cristianismo, las cuales promovió el dramaturgo y periodista Vicente Leñero y en las que participaron Solares y otros amigos comunes.

De hecho, Leñero tuvo una fuerte influencia en la vida literaria y religiosa de Solares, pero ante todo hubo entre ellos una gran amistad:

«Empecé a trabajar con Vicente Leñero a los 22 o 23 años. Venía de Chihuahua de estudiar con los Jesuitas, entonces traía ya la semilla (de la religiosidad) y él me nutrió de autores que luego fueron parte fundamental de mi vida. Hay uno en particular que me descubrió él, y que era su autor preferido, Graham Greene. Me volví un “greeniano” absoluto».

Reconoce que su fe se ha visto beneficiada por la lectura de autores dispares, tanto cristianos como ateos, entre los que se cuentan G. K. Chesterton, Georges Bernanos, Francois Mauriac, Julien Green, Theilard de Chardin, André Malraux y Leonardo Boff.

«Yo nunca he tenido nada en contra de los ateos, al contrario, a veces me parece que son más coherentes que muchos católicos. Yo relaciono mucho el cristianismo con el acercamiento al prójimo, yo creo que el verdadero cristiano es el que piensa en su prójimo, más que un concepto abstracto de la fe. La fe tiene que transformarse en hechos, en actos. Dime qué haces por tu prójimo y te diré en qué crees», explica el escritor.

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Ignacio Solares, autógrafo. Foto: Juan Pineda.

LO SAGRADO

Solares siente empatía frente a otras expresiones del fenómeno religioso, que lo ha llevado a tener un acercamiento a las religiones orientales. Comparte que incluso desea que en algún momento todos los creyentes puedan hermanarse bajo la fe.

«Recuerdo una cosa de Graham Greene que siempre me ha llamado mucho la atención; decía que él no podía entrar a una pagoda y ver un buda sin hincarse ante él y rezarle, porque no podemos negar que Buda es un genio religioso uno de nuestros santos y espero que algún día lo integre la Iglesia católica, ¿por qué no? Me parece maravillosa la imagen de Graham Greene, que es católico, hincado rezando ante un Buda, rezando aunque sea el Padre Nuestro, no poniéndose en posición de loto, no haciendo yoga, sino rezándole al Buda. Me gustan también los orientales que han tenido un acercamiento al cristianismo. Yo espero que algún día las religiones se encuentren y se conviertan en una sola».

Por otra parte, reconoce que en el momento actual hay un vacío de esperanza, el cual tiene una íntima conexión con lo sagrado. Solares reconoce que una propuesta que responda a esta necesidad humana solamente puede pasar por la libertad: «Todo lo que se haga por transmitir la fe desde un punto de vista de libertad es un adelanto enorme en nuestro tiempo. Si algo hace falta en nuestro mundo actual (…) es precisamente la esperanza, como diría Malraux, y la falta de lo sagrado. Yo creo que el hombre no se trasciende si no es a través de lo sagrado. Yo siento que hay una especie de vacío en ese terreno. Es terrible».

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Para Solares hay un vacío de lo sagrado en nuestro tiempo. Foto: Juan Pineda.

LOS JÓVENES Y LA CULTURA

Su convencimiento de que lo sagrado guarda respuestas para los interrogantes últimos del hombre lo llevó a escribir un libro bastante peculiar: Cartas a un joven sin Dios, publicado en la editorial Alfaguara. Allí, Solares propone un recorrido intelectual a un joven que le ha manifestado su desinterés por la religión.

El escritor está convencido que Dios puede ser atractivo para los jóvenes de hoy y que la literatura puede ser una buena herramienta para acercárselos: «Recuperar el sentido religioso es lo que necesitamos ahorita. Lo que tenemos que hacer no es tanto llevar a un joven a la iglesia y decirle “debes creer en el Papa, confiésate y comulga”. No, porque no lo va a hacer, y si lo hace no le va a importar. Hay que empezar por la semilla, empezar por ayudarle a recuperar el sentimiento de lo sagrado, de que hay algo más, de que hay otro mundo».

Luego añade: «Es curioso, yo que he escrito sobre el Francisco I. Madero espiritista, a muchos jóvenes que se lo pusieron en las escuelas los acercaba a algo más, decían. Nos han enseñado nuestros maestros a creer nada más en lo palpable, en el materialismo más deleznable que puede haber. No podemos reducimos a ese materialismo, que ha imperado y del que habla Eliot (en Los coros de la Piedra), en el cual lo único que importa es el placer, el dinero, el egoísmo. Allí encaja también hasta el hecho de decir, “bueno, pues si yo voy a misa, pero soy egoísta y nada más pienso en el placer…”. Así la religión no sirve de nada».

Solares considera que la educación de los jóvenes es fundamental para crear consciencia en torno a los problemas que vivimos en México y que la religión juega un papel importante en este proceso:

«Yo creo mucho en la educación y en lo primero que hay que pensar es en toda esa campaña de educación que hizo, por ejemplo en nuestro país, un José Vasconcelos. Repartía libros de obras clásicas en pueblos y rancherías. El pragmático del Presidente Álvaro Obregón se burló diciendo “¿y de qué sirve que les aviente libros ahí en las rancherías, de Tolstoi, Dostoievski y Víctor Hugo?”. La respuesta de Vasconcelos fue “sólo la cultura nos salvará”, o sea, necesitamos transmitir de alguna manera formas que hagan más conscientes a las personas, todo lo que implique su vida es un problema de consciencia y la religión es parte de la vida. Creo que el fanatismo puede ser muy peligroso, lo que pienso que lo que hay que hacer es más campaña de alfabetización y más campaña de educación y acercar más la cultura al pueblo, porque creo poco, la verdad, en una fe ciega, creo mucho en una fe consciente».

«Me preocupa –concluye Solares– que la fe que no esté basada en la consciencia, porque un diálogo como el que plantea el Papa solamente se puede dar a partir del conocimiento. En lo que tiene una obligación brutal la Iglesia es en concientizar más. Más que adoctrinar o moralizar o condenar. El diálogo se tendrá que dar a partir de un acercamiento inteligente entre creyentes, ateos, budistas… Ese diálogo del que nos habla el Papa Francisco tiene que ampliarse para quizá, en algún momento, conseguir una religión como la que decía Graham Greene, una religión en la que por fin estemos todos bajo el mismo techo».

«Todo lo que se haga por transmitir la fe desde un punto de vista de libertad es un adelanto enorme en nuestro tiempo».

—Ignacio Solares

SUS OBRAS

Ignacio Solares cuenta con una vasta producción literaria que incluye novelas, sátira política, ensayo y crónica periodística. Entre ellas, Madero, el otro (1989), La noche de Ángeles (1991), El jefe máximo (1992), El gran elector (1993), Nen, la inútil (1994), Columbus (1996), Cartas a una joven psicóloga (1999), La espía del aire (2001), No hay tal lugar (2003), La invasión (2005), Cartas a un joven sin Dios (2008), Presencia de lo invisible (2011).

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Ignacio Solares, en la biblioteca de su casa Foto: Juan Pineda.
Entrevista publicada originalmente en la revista Litterae Communionis

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Autor: Víctor Vorrath

El gusto por contar historias me llevó al periodismo y la literatura; la pasión por la filosofía, a la docencia. Chilango que se mueve entre Puebla y Oaxaca.

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