Decoraban salas, comedores y recámaras de casas, departamentos y sitios de descanso de políticos veracruzanos y sus familias. Y valen más de ocho millones de dólares las 16 piezas.

Se trata de cuadros de Tamayo, Carrington, Botero, Miró, Siqueiros y otros pintores de renombre decomisados a ex colaboradores del ex gobernador preso Javier Duarte que ahora forman parte de una colección que exhibe el Gobierno de Veracruz.

Durante la presentación de la exposición “Interpretaciones formales”, el aspecto morboso de la corrupción llama la atención: empleados de Estado derrocharon carretadas de dinero público para comprar arte, según señaló el Gobernador Miguel Ángel Yunes.

Frecuentemente ponemos a los políticos en la picota. Nos repugnan los escándalos de corrupción y no escatimamos piedras para lanzarlas tan pronto sucumben ante el poder. Desde luego que no se trata de justificar la corrupción, pero quedarnos solamente en la condena moral no resolverá el problema.

El caso particular de los cuadros decomisados es llamativo por una razón: revela que los políticos, como los corruptos en cuestión, también tienen un deseo grande de belleza, aunque a la hora de buscarla lo hagan con extrema torpeza, como es el caso del arte decomisado, el cual presuntamente fue obtenido por medios ilegales e inmorales.

El reconocimiento de la belleza, es decir, de un atractivo que se impone delante de nosotros, es justamente el camino que puede abrir la posibilidad de una vida nueva para las personas. Y los políticos corruptos no son la excepción a la regla.

Esta es la convicción que comparte Julián Carrón, presidente de Comunión y Liberación, cuando en una entrevista para Jot Down habla del cristianismo como una presencia fascinante que tiene la potencialidad de iluminar la vida.

«La obra de arte hace que toda la experiencia humana vibre. Un canto, un poema, un cuadro despierta en nosotros nostalgias y alegrías que no conoceríamos de otro modo. Por eso la fe y el arte no solo no son incompatibles, sino que el gusto por la belleza es propio del hombre de fe, del hombre consciente de sí».

Es por esto que no deja de ser llamativo el caso de los cuadros decomisados a los políticos corruptos. También ellos desean lo que todos deseamos, por ejemplo la belleza. Y ese puede ser el punto de partida para un cambio si se asume con seriedad.

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Escrito por Víctor Vorrath

El gusto por contar historias me llevó al periodismo y la literatura; la pasión por la filosofía, a la docencia. Chilango que se mueve entre Puebla y Oaxaca.

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