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Tomás Garrido Canabal

La historia normalmente suele reservar para los grandes tiranos un juicio implacable. Así ha ocurrido con Hitler, Musolini, Stalin o Franco, por ejemplo.

No obstante, existen otros dictadores que, junto con sus infamias, están ocultos entre los pliegues del tiempo. Tal es el caso de Tomás Garrido Canabal, ex gobernador de Tabasco durante la época de la Guerra Cristera en México.

En el prólogo a El poder y la gloria, de Graham Greene, el escritor Sergio Ramírez traza de una pincelada al personaje que tenía como uno de sus principales objetivos eliminar el cristianismo en aras de promover lo que él consideraba el “progreso del pueblo”.

Para ello persiguió y ordenó la matanza de católicos, además mandó destruir sitios y objetos de culto –como la ermita del Sagrado Corazón de Jesús, donde más de 20 personas fueron asesinadas. Se burló de los símbolos y personajes de la tradición cristiana hasta caer en el absurdo.

Quebrantó el espíritu de muchos católicos al imponer pena de cárcel para a quien poseyera objetos de devoción y obligó por ley a los sacerdotes a contraer matrimonio, esto como una humillante salida para evitarles el destierro o la muerte, lo cual retrata Green en su novela.

Sin miramientos, Rodríguez retrata a Garrido Canabal como un «fanático anticlerical como pueden encontrarse pocos en la historia de América Latina».

En su afán laicista para tratar de desaparecer cualquier rastro de la cultura cristiana, cometió toda clase de atropellos:

«Saqueó y clausuró las iglesias, hizo quemar las imágenes de los santos, mandó a quitar las cruces de las tumbas en los cementerios, de donde hizo desaparecer imágenes y mausoleos, para que fueran cambiados por columnas truncas de igual tamaño, que tuvieran por todo epitafio un número, un nombre y una fecha; sustituyó las fiestas religiosas por ferias agrícolas y ganaderas, ordenó cambiar los nombres de las poblaciones que llevaran nombres de santos, para que fueran repuestos por nombres de héroes, sabios, maestros y artistas», detalla Rodríguez.

El escritor cuenta que incluso prohibió la palabra “adiós” para saludarse, probablemente por la referencia fonética con el término Dios, y reemplazó la expresión de este gesto cotidiano con “salud”.

«En su finca experimental La Florida, bautizó a un burro catalán como “el Papa”, a un toro como “Dios”, a una vaca como “la Virgen de Guadalupe”, y a un cerdo como “San José”. Y durante su segundo período como gobernador, creó los “camisas rojas”, una milicia privada formada por jóvenes fieles a su credo radical».

Pero el desprecio que Garrido Canabal sentía por él catolicismo no terminó ahí, sino que, como un estigma, puso nombres excéntricos a sus hijos para burlarse de la fe cristiana.

«Tenía una hija a la que puso Zoila Libertad, un hijo al que puso Lenin, director de teatro luego en Costa Rica, adonde la familia debió exiliarse en 1935, tras la caída del padre; Luzbel, el otro hijo, que por supuesto se cambió de nombre, fue dueño de una fábrica de margarina, también en Costa Rica», añade Rodríguez.

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Garrido Canabal y su familia

Garrido Canabal, después de gobernar Tabasco con mano de hierro, pasó a formar parte del gabinete del presidente Lázaro Cárdenas, donde se desempeñó como secretario de Agricultura. Sin embargo, se vio obligado a abandonar el puesto ya que el presidente Cárdenas rompió con Plutarco Elías Calles, a quien él apoyaba.

Tras volver a Tabasco quiso recuperar el control del estado con los “camisas rojas”, lo que desató un enfrentamiento sangriento con un grupo opositor. Esto le valió el exilio y acudió a refugiarse a Costa Rica, donde prosperó con varios negocios. Sus días terminaron en Estados Unidos debido un cáncer que padecía.

La figura de Garrido Canabal es una de las más representativas de la persecución religiosa en México y de las atrocidades a las que puede llegar el poder político al tratar de desarraigar el factor religioso del corazón de un pueblo.

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Escrito por Víctor Vorrath

El gusto por contar historias me llevó al periodismo y la literatura; la pasión por la filosofía, a la docencia. Chilango que se mueve entre Puebla y Oaxaca.

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