PADUA, ITALIA.- A diferencia de otras cárceles del mundo, en la prisión Due Palazzi de Padua hay un intento serio por regenerar humanamente a los presos.

Para lograrlo, las autoridades penitenciarias desarrollaron en coordinación con la Oficina de Giotto un proyecto que respeta a la persona a partir de tres dimensiones de la vida: educación, trabajo y religión, que están previstas en la constitución penitenciaria.

Nicola Boscoletto, responsable del proyecto, explica que se mira como personas, y no como delincuentes, a cada uno de los detenidos, lo cual se aprecia, por ejemplo, en su vestimenta, pues no portan uniformes penitenciarios, sino que usan ropa común.

Pero eso es solo un aspecto marginal cuando se ve la seriedad con que se propone a los prisioneros un trabajo para enfrentar sus necesidades y las de su familia.

“La recuperación es fantástica porque un prisionero puede mandar 500 euros a la esposa o a la familia y entonces se hace esposo de su esposa, padre de sus hijos, hijo de sus padres”, dijo Boscoletto.

La capacitación para el trabajo es parte fundamental de la prisión, aunque no pueden ofrecer un empleo a todos los internos debido a dificultades operativas.

Al interior de la prisión existe una pastelería en donde cerca de 500 personas trabajan en el proceso de elaboración de piezas tradicionales de repostería italiana, como el panettone o los huevos de Pascua, hechos de chocolate.

La repostería que realizan es tan fina que los productos son vendidos en muchos de los principales comercios de Italia y en hoteles.

Los reos que trabajan aquí reciben un sueldo con el que pueden mantener a sus familias. En Navidad, los envíos de la pastelería llegan a 100 mil.

La prisión también cuenta con un taller donde fabrican piezas para maletas y tacones para zapatos de marcas reconocidas, además de un “call center” desde donde se agendan citas para hospitales de la zona.

Otro proyecto es la producción de piezas de motocicleta para la marca Aprilia. En Italia es reconocida la calidad del trabajo que se hace en esta cárcel.

La prisión también cuenta con la modalidad de dejar salir a ciertos internos para trabajar en la ciudad, quienes por la noche regresan a la prisión para descansar. En Italia hay 200 mil prisioneros en esta modalidad.

Rafa, un uruguayo preso por tráfico de cocaína y quien trabaja en el “call center”, reconoce que la atención y esmero de Andrea, su orientador, le ha ayudado a iniciar un camino de cambio, que casi podría compararse con una conversión religiosa.

Él afirma que ya no se siente tratado como basura, sino como persona, y que se siente libre, a pesar de estar en prisión.

“La gente tiene los basureros a las afueras de la ciudad al igual que las cárceles, ¿por qué es así? Porque a nosotros nos consideran basura”, dijo lamentándose de las condiciones de la cárcel donde anteriormente estaba.

Allí no podía trabajar y no tenía más remedio que pasar todo el día dentro de su celda.

La conciencia de la importancia de la religión en la vida de los presos ha sido muy importante en este proyecto. Esto ha ayudado a que los internos tomen conciencia del daño que han hecho y acepten la pena que las autoridades les impusieron, pero además les ha ayudado a mirarse humanamente.

Uno de los apoyos fundamentales ha sido el de los miembros del movimiento católico Comunión y Liberación, fundado por el sacerdote Luigi Giussani. En diversas partes de la prisión se ve la influencia de este sacerdote, a veces en una frase suya pintada en la pared o en manifiestos, que son pósters con fotografías de obras de arte y frases alusivas a tiempos litúrgicos.

Así lo expresa Carlo, otro de los presos, durante un encuentro con visitantes extranjeros.

“La fe es un punto de inflexión para poder cambiar, para abrirse un futuro mejor, me da fuerza para poder crecer de nuevo, me da unos ojos nuevos, es una gran experiencia que me ayuda a enfrentar los problemas, cualquier cosa, ahora no me siento solo, sino sostenido”, afirmó.

Como muchas prisiones en el mundo, el sistema penitenciario italiano enfrenta sobrepoblación.

Se estima que actualmente hay 57 mil presos, aunque las autoridades buscan reducir esta cifra a 48 mil, sin embargo, hay un dato que contrasta en Padua: el promedio de reincidencia a nivel mundial, afirma Boscoletto, es de entre 70 y 90 por ciento, mientras que en Padua es del 20 por ciento, pero respecto de los reos que trabajan, la reincidencia es tan sólo del uno o dos por ciento. Este dato es por sí solo un milagro.

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Escrito por Víctor Vorrath

El gusto por contar historias me llevó al periodismo y la literatura; la pasión por la filosofía, a la docencia. Chilango que se mueve entre Puebla y Oaxaca.

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